Análisis
Elecciones en Venezuela: realismo mágico e igualdad
Ante la sorpresa de los medios
de comunicación occidentales supuestamente de centroizquierda, como Le
Monde, El País, The New York Times, etc., Chávez se impuso en una
elección limpia. Lo que no pueden entender es que el factor determinante
de la democracia es la igualdad y no lo es el lucro.
Para muchos las elecciones
venezolanas son un enfrentamiento entre la izquierda y la derecha
sudamericanas. Para algunos bolivarianos, es otra batalla de Ayacucho,
en la que la victoria de Chávez sería un nuevo paso hacia nuestra
segunda y definitiva independencia, no solamente de Venezuela, y su
derrota un fenomenal retroceso. Para partidarios de la oposición, es una
competencia entre una izquierda radical, representada por Cuba, de la
cual Chávez sería el hijo predilecto, y una reformista, de tipo
brasileño, o lo que es más o menos lo mismo, entre el autoritarismo
populista y la democracia representativa. Por mi parte creo que es más
bien un realismo mágico.
Después de 14 años de gobierno y de haber ganado varios comicios,
Chávez por primera vez compite, también en demagogia, con un candidato
competente y que logró unir a una oposición variopinta.
La popularidad del presidente se explica porque sustituyó a un
sistema de partidos que implotó por su cleptocracia en 1998. Y lo hizo
con un discurso que desnudó al sistema venezolano por su racismo,
clasismo y desigualdad.
A lo que se sumó una masiva asistencia social (alimentación, salud,
educación, vivienda), por medio de las llamadas misiones, que financió
con un precio extraordinariamente alto del petróleo. Todo ello disminuyó
la pobreza y la indigencia, logró uno de los gini, medida de
desigualdad, más bajo de América Latina, y excelentes puntajes en el
Latinobarómetro 2011, debido a que “su pueblo acusa positivamente recibo
de las acciones de gobierno del presidente Chávez” según ese informe.
Sin embargo, tiene tres problemas. El más importante es el económico,
que Chávez reconoció. La población sufre penurias, en materias tales
como la vivienda, la electricidad, los alimentos, el agua. La
infraestructura amenaza ruina. Las acerías producen una fracción del
acero que deberían según su diseño. El subempleo es rampante, el 43 % de
la población activa trabaja en la economía sumergida, y los salarios
han bajado 40 % entre 2000 y 2010.
Un documento del Partido Comunista venezolano, citado por Le Monde, hace notar que la parte del león se la lleva en Venezuela una burguesía importadora y que, por ello, no hay ningún progreso en la diversificación de la economía, pero sí un incremento de la dependencia, en especial, en materias alimentarias y tecnológicas. En otras palabras, un típico modelo rentista e improductivo de un exportador de productos extractivos como Chile.
La producción de petróleo disminuyó, de 3,5 millones de barriles en
1998 a 2,4 millones en 2012, y el número de empleados de la petrolera
estatal subió de 32.000 a 105.000. Se trata de explotaciones mixtas, 60 %
para el Estado y 40 % para la empresa extranjera (Chevron es la más
importante). Venezuela se ve obligada a importar gasolina, a pesar de
que tiene una gran red de gasolineras en EE.UU. El problema es la falta
de inversiones en refinerías.
La política monetaria, una moneda sobrevaluada, más el control de la
venta de divisas por el gobierno, han favorecido a los importadores por
sobre los exportadores. A todo lo cual agregaría que el petróleo hoy es
el 95 % del ingreso por exportaciones y, antes de Chávez, era el 67 %.
El 75 % se exporta a EE.UU. Venezuela es su cuarto abastecedor y esas
relaciones petrocomerciales son ópimas. Mientras tanto, la bolsa de
Caracas ha subido, desde el año 2000 al 2010, 870 %, más que las de
Brasil, 299 %, y Chile, 275 %.
Por esas razones, Foreign Affairs sostiene que Chávez no es un
bolchevique que quiere pulverizar el sector privado, como una vez lo
dijo. Desea mantenerlo, pero pequeño, no competitivo y dependiente del
Estado, agrega. Y para ser un Castro, como dijo Sarney, “le falta
historia y le sobra petróleo”.
Un documento del Partido Comunista venezolano, citado por Le Monde,
hace notar que la parte del león se la lleva en Venezuela una burguesía
importadora y que, por ello, no hay ningún progreso en la
diversificación de la economía, pero sí un incremento de la dependencia,
en especial, en materias alimentarias y tecnológicas. Indica el fracaso
de las cooperativas, considera al Estado altamente ineficaz y deplora
la intensificación de la corrupción. Concluye que hay una brecha entre
el discurso socialista y la práctica en el gobierno. En otras palabras,
un típico modelo rentista e improductivo de un exportador de productos
extractivos como Chile.
A lo que se suman otros dos problemas de Chávez: Venezuela tiene la
cuarta tasa de homicidios intencionales más alta del mundo. Y estuvo
enfermo de cáncer, con tres operaciones, que lo ha debilitado,
disminuyendo su actos públicos y la extensión de sus discursos, y del
cual se declara sanado.
Capriles, su rival, logró articular un discurso más allá de la
tradicional consigna de la oposición, “Chávez, vete ya” o “ahora o
nunca”. No insulta, y cuando lo insultan evita los golpes. Curioso,
durante el golpe contra Chávez el 2002, fue parte de una poblada que
intentó apoderarse de la embajada de Cuba.
Las palabras del candidato opositor tienen similitud con las del
presidente, pero promete mayor eficacia, más una dosis de un
nacionalismo más propio de la guerra fría, aunque se dice cercano a las
posiciones de Brasil, que navega por el mundo sin esos prejuicios.
Promete mejorar la recolección de basura, terminar con los apagones,
reducir los atascos de tráfico, más transparencia administrativa y
combatir la delincuencia. Es la eficiencia versus la ideología.
Capriles, como Chávez, proyecta duplicar la producción de petróleo
entre hoy y el 2019, y sembrar el resultado en el desarrollo agrícola y
la industrialización del país. Además, quiere revisar los contratos de
explotación con China, Bielorusia, Irán y Rusia, y terminar con las
ventas en condiciones ventajosas a los países bolivarianos, todo lo
cual, insisto, me huele a guerra fría, una desgraciada enfermedad
residual en Latinoamérica.
Ante la sorpresa de los medios de comunicación occidentales
supuestamente de centroizquierda, como Le Monde, El País, The New York
Times, etc. se impuso en un elección limpia Chávez. Lo que no pueden
entender es que el factor determinante de la democracia es la igualdad y
no lo es el lucro.
FUENTE: EL MOSTRADOR
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