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El lado más íntimo del nuevo "pánzer"
El martes a primera hora, Andrés Chadwick ordenó
bajar sus pertenencias a su nuevo despacho en el ministerio del
Interior. Pidió tener especial cuidado con un cuadro muy simbólico: un
dibujo original que retrata a Jaime Guzmán, su mentor político, que lo
acompaña desde los tiempos en que era diputado y que ha llevado a todas
sus oficinas. Esta semana, Chadwick asumió el principal cargo de su
trayectoria. En unos días más, se convertirá en el primer militante de
la UDI en ser Vicepresidente de la República. En esta entrevista,
realizada en abril de 2011, revela la influencia del fallecido senador
en él, su posición al interior de su partido y los principales episodios
de su vida política.
© Ari
Jaime Guzmán era el líder más improbable que podría haber tenido
Andrés Chadwick. El izquierdista entró a estudiar Derecho en 1974 a la
Universidad Católica sólo porque su polola (y actual mujer, María
Victoria Costa) lo convenció de revocar su inscripción en la Universidad
de Chile. No quería, paradojalmente, que se metiera más en política.
"Ir a la UC era meterme a la boca del lobo, a convivir con los
gremialistas, en donde estaban los partidarios de Pinochet, al reducto
símbolo de la lucha contra Allende", recuerda. Fue entonces cuando una
de las figuras que más rechazo le provocaban (desde que lo veía en "A
esta hora se improvisa") se le acercó, en su primer día de clases. Yo te
ubico, tenemos algunos amigos en común, le dijo Jaime Guzmán, su
profesor de Derecho Político. Sé que tú piensas distinto a mí y que
tienes simpatía por el gobierno de Allende, pero te quiero decir que tú
en esta clase tendrás total libertad y respeto. Te quiero incentivar a
que participes, a que des tu opinión y que nunca te sientas restringido.
Y ante cualquier problema que tengas, me lo digas de inmediato, porque
me interesa que todos mis alumnos se sientan cómodos en clases.
Fue el inicio de una amistad que para Chadwick también implicaría una conversión, y que marcaría el resto de su vida.
Hay dos diálogos claves en un camino que terminó de golpe. El
primero, en 1977, un domingo en la noche, cuando Chadwick le dijo: "Me
he ido convenciendo con tu compromiso y me has mostrado un camino que me
interesa recorrer". Guzmán le contestó que empezarían a trabajar
juntos, que no sería fácil, que debía ser fuerte porque cambiar de
posición genera incomodidades. El segundo fue en 1991, cuando el
fundador del gremialismo le anunció que abandonaría el Senado para vivir
una vida religiosa en un convento.
Después de la primera conversación, Chadwick se convirtió en
presidente de Derecho y luego de la FEUC. Después de la segunda, Guzmán
fue asesinado.
Y Andrés Chadwick se queda pensando en esto de las renuncias. Del
camino y lo que quedó a un lado. Se acuerda, por ejemplo, de esa beca
que consiguió para estudiar en Estados Unidos, cuando estaba a punto de
titularse, recién casado. "Feliz, voy y le cuento a Jaime. Y me dice que
no, que eso puede esperar, que tenemos que seguir trabajando juntos",
cuenta. Hay que construir un proyecto de largo aliento, que va más allá
del movimiento gremial. Hay que empezar a sentar las bases en el país
para un movimiento propio. Y me dice: yo necesito hacer este trabajo
contigo y un par de personas más que estén dispuestas a sacrificios y
renuncias importantes. Los otros eran Pablo Longueira y Luis Cordero,
recuerda. "Yo cambié el switch. Ok: démosle", le dije.
- ¿Perdió la beca?
- Cosa de la cual hasta hoy echo de menos. No fue fácil, recuerdo que
era el boom de los años 80 y yo veía que todos mis amigos agarraban
pegas estupendas o se iban a estudiar afuera. Yo, en cambio, me dediqué a
hacer clases en la UC y a recorrer el país con Jaime. Arrendamos una
oficina en la calle Livingstone, junto a la Embajada de Argentina, y
desde ahí empezamos a formar el departamento poblacional. También
existían muchos requerimientos para integrarse al gobierno: alcaldías,
jefaturas de servicios, etcétera. Pero Jaime nos dijo a mí y a Pablo:
Ustedes no deben ingresar al gobierno. Lo que vamos a formar debe ser
con cuerda propia.
Hoy, a 20 años de la muerte de Guzmán -el 1 de abril de 1991-, el
senador mira hacia atrás y ve cómo él y su partido han cambiado. El
parlamentario se encuentra hoy preparando un documento que busca
aglutinar a la UDI e influir más en el gobierno de Sebastián Piñera.
"Juan Antonio (Coloma), yo, Pablo y Jovino (Novoa) nunca hemos pensado
lo mismo, pero siempre habíamos tenido la capacidad de trabajar como
equipo. Eso, se dispersó en el tiempo. Por ello, Juan Antonio nos ha
pedido reconstruir ese equipo (llamado los coroneles), pero con un
objetivo distinto. No para conducir el partido, sino para transmitir lo
que creemos y abordar nuevos desafíos".
El retiro que no fue
Las vacaciones serían en México. Viajarían todos juntos: Andrés
Chadwick, su mujer, sus hijos y Jaime Guzmán. Era febrero de 1991, y el
senador estaba entusiasmado con el plan de viajar junto a la familia de
su ex alumno. Meticuloso como era, Guzmán tenía planeadas las
actividades del periplo, las rutas que recorrerían, las visitas. Pero
Chadwick debió cancelar el viaje a última hora, comenta, porque tuvo un
problema con uno de sus hijos. "Voy a tener que partir a Viña no más",
contestó Guzmán, resignado.
Después de ese verano, a mediados de marzo, llamó a Chadwick para
decirle que reservara un par de horas libres al día siguiente, porque
tenía algo que contarle.
"Al igual que otras veces, fuimos a caminar por las canchas del Club
de Golf Los Leones. Ahí me dice que quiere conversar muy a fondo
conmigo, que soy la primera persona en saberlo, y me pide ayuda: Andrés,
tengo una decisión tomada. Dejaré el Senado y me retiraré de la
política".
"Pero Jaime, cómo te vas a retirar del Senado, ¡qué te pasó!",
recuerda Chadwick que le respondió. Necesito que me escuches, comenzó
Guzmán explicando.
Pasé parte importante de estas vacaciones yendo al convento de Las
Carmelitas en Viña. He tenido experiencias y sensaciones espirituales
que me han dejado muy gratificado interiormente. He ordenado las
prioridades de mi vida y siento que la UDI entró en una etapa de
madurez.
- ¿Cuál fue su reacción?
- Le pregunté de nuevo "¿Qué vas hacer, Jaime?". Y me respondió: Me
quiero ir a vivir a un convento, quiero hacer una vida de convento y
separarme de la vida mundana.
"Conversamos mucho rato", prosigue Chadwick. "Me impactó
tremendamente la conversación. Él me reiteró que se había encontrado
consigo mismo a través de experiencias y formas de oración y de
espiritualidad muy profundas: Ya está decidido, Andrés, necesito que me
apoyes, que me ayudes mientras se lo voy comunicando a otras personas
-me dijo; y me advirtió- Esto va a generar un efecto complejo".
"Con Jaime vivimos muchas cosas en la vida y ésa, lejos, fue la
conversación que más me sorprendió. Después de eso vino Semana Santa,
que la pasamos junto a él y mi señora. Fuimos a distintos lugares ese
fin de semana y seguimos conversando hasta el domingo", recuerda.
"El lunes me avisan que lo mataron. Me acordé inmediatamente de esa
conversación. Por eso, he tenido siempre la tranquilidad de que la
muerte le trajo a Jaime una fuerte felicidad, por la fe que él tenía".
- ¿Está diciendo que si él no hubiese sido asesinado, estaría hoy en un convento?
- Según lo que yo conversé con él esa tarde, si Jaime no hubiese sido
asesinado, estaría hoy fuera de la actividad política y, lo más
probable, estaría desarrollando una vida religiosa.
La conciencia de un liberal
Andrés Chadwick se define como católico. "Uno siempre pasa por
altibajos, hay momentos en que uno está con una mayor motivación y
presencia espiritual, y otros con menos", explica. "Uno va teniendo
distintas miradas y comprensiones y va adquiriendo una postura más
amplia y crítica de lo que puede ser la acción y proceder de la Iglesia.
Pero hoy me siento dentro de la Iglesia".
Sin embargo, moviéndose al borde de la sensibilidad de su
colectividad, el senador aboga hoy por una Iglesia con mayor
transparencia, llama a reflexionar sobre el real significado del
celibato y cuestiona la forma en que la Iglesia ha condenado la
homosexualidad. "Esa misma condena que hacía que, socialmente, a una
persona homosexual le resultara muy dura la vida, hizo que algunos o
muchos de ellos se refugiaran en la propia Iglesia. Entonces hay un
círculo vicioso que hay que analizar", afirma.
En esa línea, defiende con fuerza el proyecto de Acuerdo de Vida en
Común que elaboró junto a Andrés Allamand, pero que al final no firmó.
"Lo hice por una razón política, no por una razón de impedimento
doctrinario. Soy un convencido de que si uno quiere potenciar la familia
y el matrimonio tiene que saber encauzar otras expresiones de unión que
tienen un signo afectivo y nacen del amor, pero no son matrimonio. Ya
sea porque no quieren casarse y conviven -lo que es muy respetable- o
porque están impedidos de hacerlo, porque son personas de un mismo
sexo", dice.
- Usted tiene un pensamiento bien liberal para su partido, ¿se ha sentido incómodo a veces?
- Jamás. Sí me preocupa que expresiones que obedecen más al orden
religioso, puedan entender que su canal de expresión es a través de la
UDI. Muchos de nosotros fuimos contrarios y votamos contra la Ley de
Divorcio. Hoy, ninguno de nosotros votaría contra ese proyecto. Porque
pasa un tiempo, se desarrolla la sociedad y uno tiene la posibilidad de
ver lo que ocurre, y el que no quiere ver la realidad es ciego o sordo. Y
no hay nada peor en la política que quedarse encerrado sin aproximarse a
la vida de hoy. Esa persona mejor que desarrolle su vocación en otro
orden de cosas.
- ¿Pero en la UDI hay muchas personas que pertenecen a movimientos religiosos?
-La UDI es un partido de inspiración cristiana, no un partido de un
movimiento religioso. Con Jaime nos preocupamos enormemente de que los
principios del humanismo cristiano estuvieran presentes en la UDI, pero
nos preocupábamos más de no ser cooptados por ningún movimiento
religioso y de no ser entendidos como un partido confesional. La idea
era ser la antítesis de lo que era por una parte del Partido Conservador
antiguo, que era la voz de la Iglesia y, por otro lado, tampoco ser la
DC, que era un expresión moderna de un sector o jerarquía de la
Iglesia.
- Hay dirigentes de su partido que aún se oponen a la Ley de Divorcio y se cierran a discutir otros temas valóricos.
- Como en todos los partidos, en la UDI existen personan que tienen
grados de certeza. Yo me digo ¡ojalá yo tuviera esa certeza que ellos
tienen! Y me pregunto ¿cómo estos gallos están tan convencidos? Yo
tengo mis dudas. Hay un elemento esencial cuando uno quiere tener una
acción política fundada en principios, que es saber qué es lo esencial,
lo accidental y cómo hacerlo más presente en el mundo que uno vive. Y
hoy lo esencial no es impedir que un matrimonio que se lleva mal pueda
divorciarse.
- Sus hijos son independientes, ¿siente un poco de frustración por no
haberles inculcado una forma de vivir, como pertenecer a la UDI?
- Para nada. Tengo cuatro hijos que no son militantes ni
simpatizantes de la UDI, tienen independencia política y siempre han
sido muy celosos de ella. Al contrario, me hubiera sentido tremendamente
fracasado como padre si no hubiera sido capaz de transmitirles a mis
hijos principios y valores entre los cuales está, a mi juicio, que ellos
tengan un pensamiento abierto y la libertad para formarse sus propias
opiniones. El que ellos no tengan simpatía por la UDI para mí es una
anécdota y lo encuentro el descueve.
- ¿Sus hijos son creyentes?
- Me atrevería a decir que son creyentes, pero no católicos. Ahora,
la respuesta la tienen que dar ellos, no quiero pasarlos a llevar.
Superar la depresión
A mediados de 2009, de un momento a otro, Chadwick se fue al suelo.
Era un día martes, y viajaba por la Ruta 68 junto a su chofer, rumbo al
Congreso. De pronto atinó a decirle: "Juanito, dé media vuelta por favor
y lléveme a mi casa lo más rápido que pueda".
"No pude más", relata. "Entré a mi casa, me encerré en mi pieza y
caí. No tenía fuerzas para hacer nada. Es una sensación terrible, que
sólo las personas que han tenido depresión pueden entender. Es como
estar en una pieza oscura sin poder enfrentar el mundo", describe. "No
tenía antecedentes y mi depresión no tenía ninguna relación con
situaciones puntuales, de decepción o de intereses", explica. "Sólo
sabía que si hubiese sido astronauta, Alexis Sánchez o senador, esa
tarde no podía subirme a un cohete, ni entrar a la cancha, ni llegar al
Congreso".
- ¿Cómo fueron esos meses?
- Dormía, no me interesaba nada. Imagínate que a mí me gusta mucho el
fútbol y nunca me he perdido un partido de la selección y, en ese
tiempo, no los veía.
- ¿Cambió su vida?
- Existe un cierto tabú y recato a decir: "Sí, yo tuve depresión, lo
pasé mal, cuesta salir y logré salir". Hay una cosa muy retrógrada en
nuestra sociedad, que la depresión es debilidad. No, es una enfermedad
como la hepatitis, que es dolorosa y que se cura con fármacos y ayuda
médica. Ahora, yo sé que existe un disco delante tuyo que te dice
"cuidado". Al principio modificas los ritmos, pero cuando te sientes
bien, te vuelves a sentir muy choro y a hacer las mismas cosas.
Hoy está completamente recuperado. Fue abuelo, estuvo a punto de
convertirse en ministro en el último cambio de gabinete (según comentan
en el partido), y ya piensa en su reelección como senador de la Sexta
Región el 2014.
Hay algo, sin embargo, que no lo deja tranquilo. Algo que lo perturba
cuando, tal como lo hacía con Guzmán, camina pensando sobre todo lo que
ha pasado en su camino. Y tiene que ver con el asesinato del senador:
"Ricardo Palma Salamanca, el hombre que le disparó a Jaime, se puede
estar tomando, en estos momentos, un café tranquilamente en algún lugar
de centro".
FUENTE: LA TERCERA
Juan Andrés Quezada
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