domingo, 25 de agosto de 2013

Revisando la lista de postulantes al Parlamento, los apellidos se repiten, en uno y otro bando: ¿nepotismo o dinastías políticas?

25/08/2013 |
Por Claudio Pereda M.
Mientras los tiempos exigen más participación, los partidos reaccionan con ritmo lento. Aunque la endogamia se resiste, la sangre nueva puja por renovar la práctica de la política.
Parafraseando a Los Prisioneros, en vez de "El baile de los que sobran" la idea que mejor podría graficar una de las formas más polémicas de entrar a la política en Chile podría ser "El baile de los que se conocen". Lamentablemente, se trata de una historia más vieja que el hilo negro, que en el mundo tiene reconocidos ejemplos como los Kennedy en Estados Unidos, los Pujol y los Fabra en España o los Fujimori y los Arias en América Latina. Y que sigue dándose sin cambios hasta nuestros días.
 
Las nuevas alarmas estallaron en el último consejo UDI de agosto, cuando la máquina dedocrática designó como candidatos a diputados a la hija de Laurence Golborne, Ignacia (distrito 28, San Miguel) y al hijo de Juan Antonio Coloma, Juan Antonio (distrito 31, Melipilla), en desmedro de varios líderes locales. La molestia se apoderó de las bases, que vieron cómo una vez más la dirigencia de la calle Suecia ponía a todo volumen esa musiquilla de los lazos filiales.
 
Sin embargo, la situación no es para rasgar vestiduras desde ningún lado. En todos los sectores políticos pasa lo mismo. En la Concertación los ejemplos también han estado presentes desde el comienzo de los tiempos. Apellidos como Frei, Zaldívar, Rincón, Walker, Girardi y diversos lazos matrimoniales o de pareja forman parte natural de la fauna. Mientras Lagos y Bachelet tuvieron a sus hijos trabajando en cancillería, Piñera -entre otros casos- ha contado con su hija y sobrino en La Moneda, a su primo como vocero y a su hermano como gerente general del Banco Estado.
 
La nueva olla de alimentos surge desde la elección popular de los Cores (consejeros regionales), listado que -para muchos- surge como "premio de consuelo" para los que no alcanzaron a aparecer en la lista parlamentaria. Ambas instancias, en todo caso, ofrecieron gratas oportunidades para que las dinastías, clanes, grupos y familias de la política nacional impusieran sus lógicas.
 
Sin ir más lejos, la propia candidata presidencial de la derecha, Evelyn Matthei, sinceró recientemente el escenario: "Son cosas que pasan en la política. Yo no hubiera sido diputada si no me hubiera llamado Matthei", dijo a comienzos de mes. Y, claro, gracias al binominal...En conferencia de prensa hace algunas semanas el actual diputado Enrique Accorsi, en tanto, reconoció también la existencia de una mala práctica. "Sí, existe el nepotismo en la política chilena, pero se tendrá que acabar con la participación ciudadana".
 
El actual candidato de Evopolis por el distrito 22 (Santiago Centro), Felipe Kast, poseedor de un apellido con peso en la derecha, sostuvo que "todos tienen derecho a participar en política, lo relevante es la manera en que ese derecho se gana. Soy partidario de la existencia de primarias, si no se hacen se va hipotecando la credibilidad de la política". El tema es ¿se trata de una historia que debiera pensar en terminarse? ¿O se seguirá escribiendo?
 
La política no da el ancho
 
Para el presidente de la Fech y líder del Movimiento Izquierda Autónoma, Andrés Fielbaum, "el carácter excluyente de la política chilena, tanto en la Concertación como en la Alianza, reforzó redes que autorreproducen y utilizan el poder que les da el secuestrar la política para autodefenderse y con ello se refuerza una forma de actuar absolutamente desconectada de cualquier grupo social que no sean ellos mismos".
 
Para la cientista política de la Universidad del Desarrollo, Carolina Martins, el tema forma parte de la idiosincrasia latinoamericana y se aprecia en tres factores clave: Desconocimiento formal de la política, qué es y para qué sirve; concepto de Estado "paternalista"; y la falta de oportunidades para formar parte del club.
 
"En primer término, se puede señalar claramente que no existe conciencia cívica marcada en nuestras sociedades, la gente en su mayoría vota por quién siente afinidad casi emocional en vez de analizar las propuestas programáticas. En segundo término, muchas personas operan desde la lógica de esperar del Estado más de lo que puede dar. A mi juicio, ese factor de sobreprotección genera la idea de que sean las instancias públicas las que solucionen los problemas, lo que se traslada también a la elección de sus representantes. Tal como a los padres puede resultarles más fácil seguir ayudando al hijo, incluso hasta grande y que ya trabaja, en vez de ayudarlo a madurar. Si no se generan herramientas de participación, la sociedad pierde interés en el desarrollo de la política", sostiene la experta.
 
En ese cuadro, entonces, se explica por qué -al final del día- la política es un baile con carácter exclusivo. "Claramente quienes tienen familia con experiencia y relaciones políticas cuentan con una especie de linaje que les facilita el acceso a la actividad, en una lógica que se puede observar en todo el espectro político".
 
¿Es posible cambiar este particular cuadro sinóptico? "Las movilizaciones del 2011 demostraron que una política tal cual está construida no da el ancho, no permite mejorar la forma en la que vivimos los chilenos y ha ido promoviendo nuevos esfuerzos, que se han construido desde la movilización, desde la organización social. Si bien el sistema está hecho para potenciar esta endogamia, hoy las perspectivas para la emergencia de fuerzas representativas de otros sectores sociales son mejores que nunca antes desde 1990", afirma con entusiasmo Fielbaum.
 
Para la académica el asunto es -ciertamente- complejo. "Pienso que es posible variar el contexto, el detalle está en la velocidad, tal vez hasta -incluso- involucre un cambio generacional. En ese sentido, una dinámica como la globalización puede funcionar como un factor de cambio para el actual esquema. Lo complicado es que, a mi juicio, la población desarrolle la capacidad de exigir derechos, pero cumpliendo con responsabilidades tan básicas como no botar basura en la calle".
 
Cree que en la medida que se tome conciencia de los actos y que se actúe responsablemente es que "podemos ver un cambio en el sistema político chileno, pues sólo de esa forma es que las personas van a votar con conocimiento y argumentos, haciendo de este acto algo mucho más importante de que si me gusta o me cae bien tal o cual candidato, sino que aportando a una planificación estratégica de lo que se quiere como país".

Los que se conocen...
 
Se viven tiempos fronterizos, de cambios, pero con instituciones que no estimulan esos nuevos aires. Por eso, mientras se toma conciencia de que es necesario abrir los mecanismos de la política, la rigidez de las herramientas con que se tiene que jugar sólo permite dar pasos pequeños.
 
En ese sentido, la oferta de la nueva lista parlamentaria con la que el país se debe enfrentar en noviembre no es radiante en variedad ni en renovación. En la derecha, por ejemplo, vuelven a repetirse nombres como Joaquín Lavín Léon, quien aun haber perdido las municipales el año pasado, vuelve a ser incluido -esta vez- como candidato a diputado por el distrito 20 (Maipú), el mismo donde no ganó la vez anterior.
 
Otros hijos de famosos que engrosan la lista: Antonio Horvarth Jr. va por el distrito 59 (Coyhaique), José Labbé (hijo del ex alcalde de Providencia, Cristián Labbé) forma parte de una dupla con Marcela Sabat (hija del alcalde de Ñuñoa, Pedro Sabat), ambos van por el distrito 21 (Providencia), con la ventaja de la segunda que ya cumplió un ciclo parlamentario.
 
Otros apellidos ilustres del sector: José Antonio Kast (distrito 24, La Reina) y Felipe Kast (distrito 22, Santiago Centro); Jorge Alessandri Vergara (distrito 27, La Cisterna), Mónica Zalaquett (distrito 22), quien va de la mano con su hermano Pablo, postulante al senado por Santiago Oriente. Ximena Ossandón (distrito 26, La Florida), también corre con su hermano Manuel José, candidato a senador por Santiago Oriente. A ellos suman otra pareja de hermanos: Enrique van Rysselberghe (distrito 44, Concepción) y Jacqueline, candidata a senadora por BioBío Costa. A la lista se agregan los primos Monckeberg: Nicolás, que va por el distrito 18 (Quinta Normal) y Cristián, quien se anota en el distrito 23 (Las Condes).
 
En provincias también se dan casos: en Arica, la nuevamente candidata a diputada Ximena Valcarce (quien se impuso en primarias internas), es hija de un ex alcalde y de una ex concejala. Ésta última, María Teresa Becerra, detenida en el escándalo de fraudes económicos que estalló en la municipalidad de Arica durante el año pasado. En el distrito 47 (Los Ángeles), el candidato independiente Enrique Krauze busca llegar al parlamento bajo la figura de su primo, el ex diputado Juan Lobos, fallecido tras un accidente automovilístico con un caballo.
 
En la Nueva Mayoría, en tanto, la lista también es pródiga en apellidos: descendientes del ex presidente Allende buscan espacios en el distrito 31 (Melipilla), en donde su sobrina Denise Pascal Allende busca un nuevo período, y en el distrito 21 (Providencia), en donde su nieta Maya Fernández quiere validar la alta votación obtenida en las municipales del año pasado, que la tuvo a escasos votos de llegar a la alcaldía. Tucapel Jiménez intenta un nuevo período en el distrito 27 (La Cisterna). La familia Walker va por otros cuatro años a través de Matías en el distrito 8 (Coquimbo), intentando así mantener el récord de contar con tres hermanos en el congreso.
 
Otros que buscan su oportunidad: Ricardo Rincón (hermano de la senadora Mónica), quiere renovar su estancia en el distrito 33 (Rengo); Joaquín Tuma (hermano del senador Eugenio), también intenta repetir período en el distrito 51 (Nueva Imperial). La familia ofrece también otro integrante: Romina (hija de Eugenio), quien va como candidata en el distrito 50 (Temuco). Los Girardi, en tanto, siguen trabajando juntos: Cristina por el distrito 18 (Quinta Normal) y Guido por otros años como senador por Santiago Poniente.
 
Eppur si muove...
 
En su entretenido ensayo "Renovación & reemplazo" (Planeta, 2013), Cristóbal Bellolio toma distancia de aquellos que plantean acercarse al servicio público con ese tonito que habla de "sacrificio social", como un acto de beneficencia, y sigue la premisa de Hannah Arendt, la potente filósofa política alemana, para quien la acción política es un constante ejercicio de pluralidad. Bellolio se basa en que el actual sistema político chileno exhibe una evidente falla de representatividad, lo cual sitúa como una "ajenidad generacional post régimen militar".
 
Una de las posibles salidas a esa falla -según él- es abrir el espacio de la acción política a aquellos que no vivieron dicha época ni votaron en el plebiscito de 1988. El autor subraya que todos los partidos carecen de espejos capaces de retratar a una nueva ciudadanía. En sus 178 páginas, el libro apunta a que la propia dinámica política chilena ha congelado, con su institucionalidad, la poca entrada hacia ella. Pero, advierte el autor, llega la hora de que o los mismos partidos operen un sistema de tiraje de la chimenea o el sistema permita espacios.
 
"La política no es una carrera de velocidad. Más bien parece una maratón. Que los grupos no alcancen sus objetivos en el corto plazo no descalifica sus esfuerzos. La Falange de Frei Montalva demoró más de 20 años en transformarse en una fuerza política electoralmente respetable. La habilidad de éstas y otras iniciativas radica en su capacidad de abrirse camino, entendiendo que esto puede ocurrir por dentro o por fuera de las actuales estructuras partidarias", señala Bellolio.
 
La dura realidad, en todo caso, sigue dando sus espasmos. Casi el 80% de los congresistas en disputa en noviembre van a la relección. La edad promedio de los poco más de 250 postulantes al congreso es de 51 años. De ellos, casi el 80% son hombres y poco menos del 20% son mujeres. Como promedio, un congresista permanece en su cargo cerca de doce años.

Y es que la renovación, en donde se incluye la superación de las dinastías políticas por una mayor competencia, implica un esfuerzo máximo de los partidos políticos. No es menor que la próxima Cámara Alta -por ejemplo- pueda contar hasta con doce senadores con un pariente directo en el Congreso, casi un tercio del total. La responsabilidad, en todo caso, también se centra en los propios electores.
 
Para Bellolio, el asunto se ve como un vaso medio lleno. "Son varias las contiendas parlamentarias donde la sangre nueva es protagonista. Ex dirigentes estudiantiles y líderes de movimientos emergentes dicen presente y disputan cupos claves en la Cámara de Diputados", anota en una columna reciente. Subraya que algunos optaron por hacer el camino largo, desafiando al sistema binominal por fuera, y otros se integran al "duopolio", pero para realizar los cambios desde adentro. "Ambas estrategias son legítimas. Lo relevante es pasar de la cantera al primer equipo, de la calle al Congreso, de la intención a la acción. La política chilena, apolillada y estancada, al fin se mueve", destaca.
 
FUENTE: CAMBIO 21

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