martes, 31 de diciembre de 2013

Asbestosis: El drama de los trabajadores de Pizarreño


El genocidio ambiental del asbesto en Chile: 300 fallecidos y 25 enfermos con Mesotelioma Pleural y Asbestosis, sólo la punta de un iceberg denunciado y advertido por años por organizaciones como Unidos Contra el Asbesto (UCA) y la Asociación Chilena Víctimas del Asbesto (Achva). Este sábado las víctimas y sus familiares se reunieron en una velatón de reflexión ante la responsabilidad de la empresa Pizarreño, responsable de la muerte de trabajadores, ex trabajadores y pobladores de la villa cercana, y la complicidad de un Estado que aún no ampara ni repara.
Este sábado, en la misma pared de la empresa Pizarreño, principal proveedora de asbesto en el país desde los años ‘30 y a quien se le acusa del genocidio ambiental más grande de Chile, se realizó la velatón en conmemoración de todas las víctimas que se han ido a causa de la irresponsable utilización de este material. La actividad fue convocada por Unidos Contra el Asbesto (UCA) y la Asociación Chilena Víctimas del Asbesto (Achva), y la idea del encuentro fue la reflexión ante el actual estado de normalización de las numerosas muertes de trabajadores y vecinos afectados.
¡No a la impunidad de la empresa Pizarreño!, es el grito de rabia e indignación de toda esta gente que ha tenido que ver partir a tantos sin el apoyo y justicia del Estado. Adrián Prieto, dirigente del movimiento UCA, cuenta, “hoy hemos venido a recordar a nuestros caídos y a reafirmar nuestra convicción de nuestro objetivos: que no existan más muertes por asbesto en Chile, que haya una compensación seria y suficiente para con las personas y familias afectadas y la debida limpieza industrial por parte de Pizarreño tal como lo han debido hacer otras empresas en otros países. A más de treinta años de que se descubrió todo esto, demostramos que seguimos más firmes que nunca”.
Adrián es uno de tantos que han perdido familiares y cercanos, su padre y cuatro tíos, sin contar a tantos vecinos y amigos de barrio. “Aquí hay un Estado que debe garantizar el vivir en un ambiente libre de contaminación y no lo ha hecho, se ha quedado en el decreto de ley que prohíbe la importación, exportación y uso de asbesto en procesos productivos, pero no ha regulado respecto a quiénes se van a ser responsables de las consecuencias que aún se seguirán viendo hasta cuarenta años después”.
Según la información recabada y comprobada por estas organizaciones y movimientos, se manejan datos que alertan los niveles de exposición de la población chilena, muchas veces ignorante del asunto, “…desde los ‘50 en adelante la utilización del asbesto se masificó a tal punto en el país que casi el cincuenta por ciento de las viviendas en Chile contienen este material en su estructura. Es así como el Estado de Chile no sólo es cómplice y responsable por omisión de la muerte de cientos de trabajadores sino que de la posible afectación en la salud y orígenes de cáncer de quizás cuántos pobladores a lo largo del país.” En Chile, luego de que el año 2001 se prohibiera el uso de este material, no se ha impulsado ninguna política nacional de erradicación de asbesto en viviendas y acueductos, lo que significa que el número de víctimas en potencia perfectamente podrán seguir apareciendo hasta el año 2030.
La gravedad a la que han llegado los números y las proyecciones de Chile, no sólo han sido posibles gracias a la irresponsabilidad de una empresa, sino también a la complicidad del Estado chileno. Actualmente son alrededor de 300 los fallecidos por enfermedades decantadas por la exposición a este material, todos en la comuna de Maipú donde se ubica Pizarreño, además de 25 enfermos con Mesotelioma Pleural y Asbestosis. “Nosotros hacemos la pega que no hace el Estado, concientizamos a las personas”, dice Adrián Prieto y agrega “parece ridículo oír esto cuando se sabe que este problema parte de los años sesenta”.
Tania Muñoz, autora del libro Fibras grises de muerte e integrante de UCA, explica “en este país y en América Latina en sí, sucede que se ha tratado de invisibilizar de forma maléfica el tema del asbesto relacionándolo a que esto sólo le afectó a quienes trabajaron en dichas empresas, sin embargo estamos ante un problema de un país entero que está construido de asbesto, un mineral que cuando se deteriora o se remueve se liberan sus fibras altamente peligrosas y contaminantes.” Chile, un país entero que bebe agua con asbesto, inhala asbesto, y vive en ambientes a base de este material. “Es un problema país que nadie quiere resolver y nadie quiere asumir”, dice Muñoz quien ya colocó su vela en la larga hilera que recuerda a las víctimas que fallecieron sin justicia ni reparaciones al alero de un Estado cómplice y de omisión.
Por María Jesús Ibáñez Canelo
El Ciudadano

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