sábado, 29 de junio de 2013

Critican al ministro Chadwick y a presidente UDI por su pasado como "estudiantes leales" a la dictadura de Pinochet

28/06/2013 |
Por Teresa Frías
El presidente del partido Socialista en contacto con Cambio21, dijo que le parecía "interesante" saber la "calidad de estudiantes leales de Chadwick y Melero". Osvaldo Andrade dijo que lo que se vivió fue "una dictadura despiadada y no un regimen militar" como dicen los candidatos de la derecha. "La dictadura intentó formar una elite que la continuara en el tiempo, que básicamente eran los hijos de funcionarios de confianza, de subsecretarios y ministros" y, en paralelo, "intentó formar una base popular; esta idea de la derecha social", reconoce el periodista Mauricio Weibel, quien desclasificó los documentos que inculpan a los militantes UDI
El periodista Mauricio Weibel, corresponsal de la agencia de noticias alemana DPA, reveló la red de espionaje y delación mediante la cual la dictadura de Augusto Pinochet investigaba a alumnos y profesores en sus propios colegios.

En la pesquisa de "bastantes meses", tras revisar "unos 30 mil archivos" secretos de la dictadura, Weibel constató que "la CNI tenía una coordinación que era permanente con el ministerio de Educación. De hecho, hay un archivo específico donde el general (Humberto) Gordon, que estaba a cargo del organismo represor de Pinochet, le escribe al ministro de Educación de la época, Juan Antonio Guzmán, y le señala que afinen bien cómo se coordinan", contó.

"La coordinación era a través de una oficina, que se llamaba Oficina de Seguridad, donde trabajaba un señor que se llamaba Jorge Guerra Larraín y otros más, y que su función era supervisar todos los temas de seguridad que tenían que ver con educación, o sea, los temas que tenían que ver con profesores disidentes y con alumnos disidentes", indicó.
Sin embargo, eso no es todo. Los nombres del ministro Andrés Chadwick y el presidente de la UDI, Patricio Melero también están en la lista, pero como los denominados "estudiantes leales".

Pinochet trató también de formar una juventud leal a su régimen, esfuerzo para el que contó con el apoyo de la policía secreta y civiles, entre ellos Chadwick, y Melero. "Por expreso deseo de Su Excelencia el Presidente de la República, se realizará durante la segunda semana del próximo período de vacaciones un Congreso Nacional de 1.000 dirigentes secundarios", escribió el 30 de junio de 1982 el ministro secretario general de Gobierno, brigadier Julio Bravo, en el oficio 2000/4.

La iniciativa, comunicada al titular de Educación, Álvaro Arriagada, perduró en el tiempo y el 22 de agosto de 1983 el nuevo portavoz del régimen, el ministro Alfonso Márquez de La Plata, informó la realización de un segundo encuentro con escolares provenientes de 114 comunas.
"La dictadura intentó formar una elite que la continuara en el tiempo, que básicamente eran los hijos de funcionarios de confianza, de subsecretarios y ministros" y, en paralelo, "intentó formar una base popular; esta es la idea de la derecha social", explicó el periodista, quien fue objeto de un misterioso robo de su computador con datos de sus investgaciones.
No son capaces de reconocen la palabra "dictadura"
Ante este escenario, el diputado Patricio Hales (PPD) dijo que "la derecha logró instalar un sistema de soplonaje a nivel nacional. La derecha durante la dictadura colocó funcionarios, estudiantes y trabajadores "leales", y que eran capaces de denunciar a todo el que merecía serlo".

"Tener discos de Víctor Jara o el Quilapayún, vestirse de determinada manera e incluso leer una revista que no le gustaba al régimen, daba pauta para ser denunciado", recuerda el parlamentario.

Además, el legislador mencionó que "los políticos de derecha, tanto los que participaron en el régimen militar como los jóvenes de esos partidos, nunca se han pronunciado sobre al dictadura, además siempre están encontrando justificación sobre los crímenes que se cometieron".

En conversación con Cambio21, Hales dijo que "nunca han sabido pedir perdón. No he escuchado a ningún diputado o dirigente de la derecha que "repudie el pasado de su propio partido" y siguen justificándose o haciéndose los huevones".

Por último dijo que "este gobierno no han logrado comprender que no hay comparación entre la violencia contra un paradero de micro con la violencia que existe de parte de las AFP, que dejan a un jubilado con pensiones que dan lástima".
Por su parte, el diputado Osvaldo Andrade (PS) dijo no sorprenderse con esta investigación sobre Melero y Chadwick, asegurando que "vivimos en una dictadura en la que incluso se asesinaron jóvenes".
"La dictadura que vivimos fue despiadada, y tal vez este dato proporcionado sobre Chadwick y Melero calificados como 'estudiantes leales', es interesante para aquellos que incluso se niegan a hablar de dictadura, como los candidatos de la derecha que se refieren a "régimen militar", recalcó el presidente del Partido Socialista.
Además dijo a Cambio21 que "lo que se acaba de averiguar no hace más que ratificar el carácter de dictadura que tuvimos en Chile que, repito, fue despiadada".
 
FUENTE: CAMBIO 21

Crítica de Piñera a ministra de Educación por vacaciones en medio de la crisis revela grave conflicto al interior del gabinete. Schmidt podría renunciar

28/06/2013 |
Por Alfredo Peña R.
La información publicada por un matutino asegura que Piñera llamó por teléfono a Italia para representarle su molestia por lo ocurrido, además que se la compara con la actitud de la ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, quien ha suspendido "vacaciones, viajes u otros compromisos" frente a conflictos en el área bajo su responsabilidad. El trascendido a El Mercurio de una conversación privada entre un mandatario y un ministro, ministra en este caso, no se conocía como acción periodística-política, desde la época de la dictadura
La ministra de Educación, Carolina Schmidt, fue a lo menos "amonestada" por el Presidente de la República, Sebastián Piñera", por haber viajado de vacaciones a Italia pese a enfrentar un complejo escenario con colegios tomados y movilizaciones a días de las elecciones primarias.
Según publicó "El Mercurio", que cita altas fuentes de La Moneda, Schmidt había anunciado antes de asumir su nuevo cargo que tenía un compromiso familiar por el que debía viajar fuera del país en estos días. Las críticas apuntan a que la secretaria de Estado no evaluó que no era recomendable salir de Chile frente al complejo panorama que se vivía en el sector, con locales de votación tomados por los estudiantes a pocos días de las primarias.
La información asegura que Piñera la llamó por teléfono para representarle su molestia por lo ocurrido, además que se la compara con la actitud de la ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, quien ha suspendido "vacaciones, viajes u otros compromisos" frente a conflictos en el área bajo su responsabilidad.
El trascendido del llamado de Piñera, contrasta con la férrea defensa que en estos días han hecho el ministro del Interior, Andrés Chadwick, y el ministro subrogante de Educación Fernando Rojas. Incluso el jefe del Gabinete llegó a decir que no había ninguna crisis con los estudiantes y por eso la ministra Schmidt pudo viajar.
En fuentes políticas circulaba ya el rumor que tras su regreso al país procedente de Italia, este domingo, no se descarta que la cuestionada ministra tome una decisión sobre su permanencia en el cargo, dado el nivel de gravedad que alcanzó su actitud.

La decisión sería renunciar, más si el propio presidente y su pequeño equipo del gabinete presidencial, deciden hacer trascender una conversación entre dos personas al diario de Agustín Edwards.

Fuentes periodisticas y políticas señalan que fue el propio Piñera que decidió dar a conocer a El Mercurio este "reto" a la ministra Schmidt para dar una señal de autoridad a pocos meses de dejar La Moneda, pensando "en cuatro años más" señalan. Piñera hace rato piensa en su reelección.

Esta forma de hacer trascender a través de El Mercurio conversaciones privadas entre el Presidente y sus ministros no se conocía desde la época de la dictadura, donde Pinochet, -presidente de facto- tenía línea directa con el diario que promovió y apoyó el golpe de Estado.

Singularmente, en otra acción política "rara", la vocera de Gobierno, Cecilia Pérez, cuando fue consultada este viernes por este trascendido, dijo que no opinaban sobre las conversaciones privadas entre dos personas. Singular la respuesta de Pérez. O la conversación la hizo trascender Piñera o Schmidt. Y todos los periodistas sabemos que la orden provino de su propio jefe que está a 60 metros de su propio despacho. Y ella sabía de ese trascendido en el diario de Agustín Edwards que afectaba a una compañera en el gabinete. Mal que mal es la encargada de todas las comunicaciones del Gobierno. Si no sabía, su peso político en el gabinete, cada vez es menor, sobre todo a partir de sus vocerías de los últimos dias, donde incluso llegó a decir que las Fuerzas Armadas podrían desalojar los colegios.
La ausencia por vacaciones de la secretaria de Estado fue criticada por los dirigentes estudiantiles, quienes pidieron su inmediata renuncia. Carolina Schmidt debe estar pensando en dimitir cuando llegue al país en las próximas horas...
 
FUENTE: CAMBIO 21

jueves, 27 de junio de 2013

Alcaldesa de Santiago criticó operativo de madrugada en liceos tomados

Tohá apunta a conveniencia política de desalojos y dice que el gobierno “nunca hizo un esfuerzo por buscar otro camino”

“En lugar de dar espacio a una solución del problema y el diálogo, que ya estaba dando sus frutos, el Ejecutivo insistió en esta vía violenta”, sostuvo la jefa comunal luego de la decisión de La Moneda de desocupar en horas de la madrugada los establecimientos que serán locales de votación el domingo.
La alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, criticó al gobierno por ordenar el desalojo de establecimientos educacionales sabiendo que sus estudiantes habían alcanzado un acuerdo en relación a desocupar los recintos.
“Había colegios que ya estaban comprometidos a ser desocupados. Ellos habían votado deponer la toma, incluso estaba hecha la pauta para hacer la entrega de los recintos y, a pesar de eso, se prefirió ordenar los desalojos en lugar de dar el espacio para que en aquellos lugares donde el diálogo estaba dando frutos pudieran darse esos avances y eso pudiera estimular a otros”, sostuvo la jefa comunal en Canal 13.
“Había un par de colegios más en que estaban también bastante avanzadas las conversaciones para que entregaran”, indicó la edil, agregando que “en lugar de dar espacio a una solución del problema y el diálogo, que ya estaba dando sus frutos, el gobierno insistió en esta vía violenta”.
“Fue una noche muy triste (…) el gobierno nunca hizo un esfuerzo por buscar otro camino para evitar los desalojos”, recalcó Carolina Tohá.
En esa línea, la alcaldesa de Santiago contó que durante la noche de ayer intentó convencer a los jóvenes que abandonaran los colegios antes de que llegaran Carabineros: “En la mayoría de los colegios lo logramos, en muchos colegios los jóvenes salieron justo antes que entraran Carabineros y ahí se evitó toda esta situación”.
Aclaró que en otros casos ocurrieron episodios complicados. Tal es la situación de los liceos Barros Borgoño, Darío Salas y González Videla, dijo, donde “se vivieron episodios en la puerta de los colegios, pero al final los jóvenes salieron por atrás”.
“Lo negativo de esta situación es que nos estamos acostumbrando como país a esta relación con los estudiantes, que es una relación de imposición, que nos va a cobrar un precio muy alto si no la cambiamos y yo creo que en esto el gobierno no ha aprendido”, concluyó.
 
FUENTE: EL MOSTRADOR

Chile rumbo al estado de excepción

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Abogado Universidad de Chile. Becario Fulbright 2013. Investigador del Centro de Análisis e Investigación Política CAIP.
 
Los historiadores del futuro observarán este período de la historia de Chile con particular interés. Su posición les permitirá ver cuestiones que a nosotros se nos pasan por alto, entre tanta noticia que recorre Santiago. Los historiadores del futuro, seguramente, tendrán la lucidez que hoy nosotros no tenemos para ver las constantes y los quiebres que se manifiestan como marcas tectónicas solo visibles desde gran altura. Si pudiéramos dejar planteadas algunas preguntas a esos historiadores deberíamos partir por una pequeña lista: ¿Qué ocurre hoy en Chile? ¿Qué es este ambiente lacrimógeno que respiramos? ¿Cómo entender la violencia cada vez más recurrente?
Muchos libros y análisis se han escrito sobre lo ocurrido en este país luego de que la dictadura de Pinochet entregara el poder a los civiles. Se han escrito biografías, crónicas, largos ensayos, otros más breves, textos sobre sociología, ciencia política y humanidades. Todos con cifras y citas respetables, con doctorados y proyectos de investigación de fondo. Sin embargo, los intelectuales han mirado con poca atención qué ha ocurrido en estos 23 años con el dispositivo institucional denominado “estado de excepción”.
En la doctrina constitucional se entiende que un estado de excepción es un escenario de afectación de determinados derechos fundamentales dada una ampliación extraordinaria de las facultades de admnistración del Estado que permite limitarlos o suspenderlos. Los presupuestos para un estado de excepción, en Chile, están regidos por los artículos 39 y siguientes de la Constitución de 1980. Allí se establecen cuatro supuestos para cuatro estados de excepción distintos: en caso de guerra interna o externa se dispone del estado de Asamblea, en caso de conmoción interior se dispone del estado de Sitio, en caso de emergencia se dispone del estado de Emergencia, en caso de calamidad pública se dispone del estado de Catástrofe. Es importante tener presente que la declaración de estado de excepción depende del Presidente de la República con consulta al Congreso conforme al artículo 32 de la Constitución y la Ley Orgánica 18.415 de Estados de Excepción Constitucional. También entra en juego la Ley 12.927 conocida como Ley de Seguridad del Estado, que debe leerse en concordancia con las disposiciones relativas a excepcionalidad jurídico-política.
Los historiadores del futuro entenderán que estos conceptos resultan clave para entender la dictadura pues, en base a ellos, el 11 de Septiembre de 1973 se declaró estado de Sitio en todo el país. Suplantando el lugar del Presidente y del Congreso en la Constitución de 1925, la Junta Militar utilizó metafóricamente el artículo 72 que contenía, por entonces, los estados de excepción. Esta disposición se levantó recién el 10 de marzo de 1978 cuando el dictador anunció el fin del estado de Sitio. Tres años más tarde, recordemos, promulgó su Constitución que recogió la normativa sobre estado de excepción que se arrastra en Chile desde 1833. En 1984 volvió a decretar estado de Sitio, cuestión que repitió varias veces hasta entregar el poder en 1990.
Cada carta fundamental que ha tenido Chile se ha encargado de establecer un dispositivo institucional para enfrentar determinados escenarios y afectar ciertos derechos fundamentales como el de reunión y libre tránsito, entre varios otros. El punto relevante es aquí la excepción entendida como concepto límite del derecho y la política ha sido objeto de las teorías sobre la soberanía más elaboradas del siglo XX. Carl Schmitt, conocido como el Kronjurist de Hitler, sostuvo toda su arquitectura iusfilosófica en base al concepto de excepción. Según Schmitt, en último término la soberanía y la excepción están íntimamente conectadas: “soberano es quien decide sobre el estado de excepción”, afirmó. Del otro lado, Walter Benjamin, otro influyente pensador de la política y la violencia, generó una teoría rival a la de Schmitt. El rol del soberano, según Benjamin, no es decidir sobre la excepción, sino negarla al excluirla de la normalidad.
Ambos actores operan fieles a una verdad, los estudiantes abrazan su verdad conforme a la cual la manifestación debe ir tan lejos como pueda llegar a fin de hacer visible la profundidad de la crisis, el Ejecutivo abraza su verdad conforme a la cual su rol es mantener el orden público e impedir que una minoría afecte los derechos de la mayoría. Lo trágico de este tipo de conflictos es que ambas visiones son verdad, de ahí que el enfrentamiento violento parezca el destino inevitable.
Giorgio Agamben, un intelectual italiano de creciente influencia en nuestras academias, sostiene que la comprensión cabal de los estados de excepción se debe hacer mediante un sincretismo entre ambas tesis. Agamben dedica un potente ensayo a establecer que los estados de excepción ocurren en una zona anómica, un vacío jurídico, entre el orden y la violencia. Agamben concluye, con Benjamin, que el estado de excepción ha devenido la normalidad en occidente, pues son innumerables los países en que este vacío jurídico es usado como mecanismo de gobierno y de control allí donde el poder amenaza con ser sobrepasado. Es tanta la relevancia de esto que la dictadura ideó un organismo especialmente dedicado a intervenir en la decisión sobre excepción constitucional. El llamado Consejo de Seguridad Nacional (Cosena) integrado por los cuatro comandantes en jefe, el Presidente y otros civiles tenía voz y voto en todas las materias relativas a estados de excepción. Esto recién se modificó el año 2005 con las reformas constitucionales que le devolvieron al Presidente las facultades especiales y sacaron a los militares de esta función deliberativa. Aún así, el Cosena es una de las instituciones más curiosas del constitucionalismo global pues suponía un rol directo de los militares en la decisión política más trascendental.
Es interesante observar esto a la luz de lo que ocurre hoy en Chile. Durante el año 2011, en medio de las masivas movilizaciones estudiantiles, se volvió un lugar común decir que la violencia protagonizada por encapuchados y Carabineros eran “hechos aislados”. Hoy, sin embargo, esa denominación parece quedarse corta para describir qué es lo que ocurre con exactitud a la hora en que terminan las marchas y comienza una suerte de ritual de violencia. Con los conceptos antes expuestos es interesante volver a preguntar a los historiadores del futuro: ¿Qué es este ambiente lacrimógeno que se ha apoderado de nuestras principales avenidas en Santiago y en regiones? ¿Qué ocurre en Chile que la violencia parece protagonizarlo todo?
El año 2011 nos heredó un largo hilo de reflexiones y consecuencias políticas. Entre ellas, hay una que es pasada de largo cuando se rememora el impacto de los movimientos sociales. Ocurre que, un día, los “hechos aislados” dejaron de ser tales y pasaron a ser algo más. Ese día fue el 4 de agosto de 2011 cuando decenas de miles de estudiantes se enfrentaron a cientos de Carabineros en el centro de Santiago. Unas 40 cuadras a la redonda fueron sitiadas por la policía, los grupos fueron dispersados una y otra vez a fin de impedir que una marcha no autorizada se llevara a cabo. Cualquier agrupación mayor a 5 personas era inmediatamente disuelta y el libre tránsito fue derechamente suspendido. Desde el aire los helicópteros bombardeaban con lacrimógenas mientras que los observadores de derechos humanos criticaban la excesiva violencia con la que se reprimía. Horas más tarde un local de La Polar fue quemado y el clima enrarecido se completó con nuevos enfrentamientos y un masivo “cacerolazo”. De lado y lado, encapuchados y Carabineros, exhibieron un nivel de beligerencia insólito para una transición conocida en el mundo por lo pacífica y civilizada.
El 4 de agosto de 2011, en la práctica, Santiago vivió una suerte de estado de excepción. Curiosamente, cuando se le consultó al ministro de Interior, Rodrigo Hinzpeter, este no titubeó en afirmar que Chile estaba en completa normalidad y que Carabineros había procedido conforme a la ley. Lo mismo que se afirma desde el poder Ejecutivo cada vez que se cuestiona por violencia excesiva como lo ocurrido en la Casa Central de la Universidad de Chile dos semanas atrás. Análogos argumentos a los que se recurre cuando se enjuicia la llamada “ley Hinzpeter” que amplía las facultades de las policías en marchas o la recién anunciada ley de detención preventiva, que devuelve al país a la detención por sospecha, ampliamente practicada por la dictadura. Tal como decía Benjamin, entonces, el rol de soberano en la institucionalidad chilena no es decidir sobre el estado de excepción, sino negarlo. Lo niega, pero en la práctica, opera. Opera como un vacío jurídico, una anomia, en la cual Carabineros puede pasar por encima de la ley invocando la ley, todo para devolver el orden y la normalidad. Se utilizan dispositivos como la flagrancia para enfrentar lo que, del otro lado, también es violencia anómica, la de los encapuchados. Puestos así en la escena, el resultado es siempre tormentoso y predecible: violencia, barricadas, gases, agua, prensa que olvida las marchas y se obsesiona con el espectáculo.
Es clave considerar que el paradigma según el cual el soberano niega el estado de excepción, pero este igualmente opera, ha tenido ya otros ejemplos en la transición. El 19 de diciembre de 1990, y saltándose todos los preceptos legales y constitucionales, Augusto Pinochet ordenó a las tropas militares el llamado “Ejercicio de enlace” que las mantuvo acuertaladas durante tres noches. Esto se repitió en mayo de 1993 con el llamado “Boinazo”, nombre que se le dio a la acción de tropas que, vestidas con uniforme de guerra y boinas negras, rodearon La Moneda. En ambos casos el gobernante civil, el Ejecutivo conducido por Patricio Aylwin, negó la excepcionalidad de estos hechos. En otros términos: hubo estado de excepción, pero este no fue declarado sino negado. Incluso en el momento final de la dictadura, la madrugada del 6 de octubre de 1988, este paradigma se había plasmado ya en la negación que realizara la Junta a la petición de Pinochet. Él solicitó una ley de poderes especiales para poder desconocer el Plebiscito, pero la Junta le negó esta declaración de excepcionalidad y, en cambio, afirmó la normalidad y la vigencia de la Constitución. Esa noche la paradoja a la que el mismo régimen se dejó arrastrar fue evidente: si afirmaban la normalidad deberían entregar el poder, si desconocían los resultados deberían declarar la excepción y su poder se exhibiría entonces desnudo de cualquier legitimidad.
De este modo, el ejercicio de enlace y el boinazo son hechos que permiten mostrar el paradigma que gobernó la transición durante los 90. La excepcionalidad existió siempre como una amenaza latente al orden, que como tal se intuía frágil, merecía ser cuidado y objeto de “grandes acuerdos” para no ponerlo en peligro. Desde el 2005 en adelante la reforma constitucional evidenció que este peligro ya no era tal y, entonces, se trasladó. Desde el año siguiente, con el llamado movimiento pingüino de 2006, la excepción política se vinculó ahora con los movimientos sociales que, con su acción, han ido empujando al poder a develar sus mecanismos de control. Ambos momentos evidencian lo mismo: el soberano no puede declarar la excepción pues hacerlo sería su ruina, ante los militares en los 90 o ante los movimientos sociales en 2006 y 2011. Reconocer que un agente puede empujar a la institucionalidad hasta la excepcionalidad es reconocerle su gravitación dentro de esa misma institucionalidad.
Por eso, los estados de excepción y la fuerza desnuda son el gran trauma que los gobernantes civiles heredaron de la Dictadura. De hecho, cada vez que se deben aplicar el país entero parece recordar fantasmas y recorrer caminos ya transitados. Así ocurrió la madrugada del 27 de febrero de 2010, última vez que se declaró un estado de excepción en Chile. Esa noche Michelle Bachelet se enfrentó al gran dilema que diagnosticaba Benjamin, llegada la hora no pudo decidir. Demoró horas en declarar estado de catástrofe y poner a los militares en la calle porque esto recordaba la estética de la dictadura. De hecho, los acontecimientos que gatillan la decisión son propios de una zona anómica: los saqueos en Concepción y sus alrededores. Mismo dilema que por estos días enfrenta el Ejecutivo que no sabe cómo desalojar los establecimientos en toma sin traer, de nuevo, los fantasmas a la memoria. Pero los fantasmas no vienen solos, es un mecanismo el que los llama y los invoca. Este mecanismo es la excepción.
Los historiadores del futuro observarán que estos días en Chile han sido de profunda angustia. Esto, porque de ambos lados se observa una estrategia de radicalización. De un lado, los estudiantes pretenden empujar al orden a sacarse su máscara y exhibirse en la violencia más explícita, para entonces desnudar su ilegitimidad y su injusticia. Del otro lado, el Gobierno pretende mantener el orden, llevar a cabo un proceso de primarias que sirva de válvula de escape a la situación que vive el país, al mismo tiempo que niega la crisis. Ambos actores operan fieles a una verdad, los estudiantes abrazan su verdad conforme a la cual la manifestación debe ir tan lejos como pueda llegar a fin de hacer visible la profundidad de la crisis, el Ejecutivo abraza su verdad conforme a la cual su rol es mantener el orden público e impedir que una minoría afecte los derechos de la mayoría. Lo trágico de este tipo de conflictos es que ambas visiones son verdad, de ahí que el enfrentamiento violento parezca el destino inevitable. Así lo hemos visto ya decenas de veces en Santiago y otras tantas en Aysén, Calama, Chiloé, Freirina o Punta Arenas donde la normalidad por largas semanas se ha confundido con la excepción. Lo vimos también en la primavera árabe o ahora último en Brasil. Todo opera como si el paradigma moderno de la excepción estuviera siendo empujado por los movimientos sociales en todo el orbe.
Entonces: ¿Qué ocurre en Chile? Vistos en perspectiva todos estos hechos aislados aparecen como una larga cadena de acontecimientos que encajan como piezas de un puzzle. Si todo sigue como va, Chile enfila rumbo a un estado de excepción declarado, en que la anomia que es visible de tanto en tanto se reconocerá explícitamente por quien detente la soberanía. No podemos saber si esto será mañana, pasado, el próximo año o dentro un lustro, pero sí podemos observar cómo el mecanismo se manifiesta: el soberano niega la excepción y afirma la normalidad hasta que la fuerza de los hechos lo empujan a declarar la excepcionalidad. Una vez que ha dado ese paso, sabemos que quien detenta el poder está cerca de su propia ruina. Veremos si en el caso chileno nos emancipamos de nuestros propios fantasmas, algunos prontos a cumplir 40 años, o si acaso estamos condenados a una salida por las malas, esto es, un estado de excepción con violencia y dolor por la convivencia perdida. Tal como el Angelus Novus de Paul Klee, que le da la espalda a un futuro que lo arrastra, los ciudadanos de esta república somos protagonistas de un devenir que no deja conocer su propia clave. Solamente los historiadores del futuro podrán tener la lucidez para encontrarla.
 
FUENTE: EL MOSTRADOR
Ambos buscan mantener los estrechos vínculos entre sus partidos

G. Martínez sale en defensa de Escalona y dice que debe postular al Senado en cupo DC

Así lo planteó el líder histórico de la DC en el acto de cierre de campaña del candidato presidencial Claudio Orrego. “El rol de Camilo Escalona ha sido muy importante y debe seguir siendo importante en la política chilena”, aseguró. En tanto, trascendidos afirman que la idea gozaría del respaldo de un amplio sector en la tienda falangista.
El ex diputado y líder histórico de la DC, Gutenberg Martínez, defendió este jueves la permanencia en el Senado de Camilo Escalona (PS). Durante el acto de cierre de la campaña del abanderado presidencial de la falange, Claudio Orrego, llamó a que su partido facilite la postulación del senador socialista a la Cámara alta en las elecciones parlamentarias de noviembre. “El rol de Camilo Escalona ha sido muy importante y debe seguir siendo importante en la política chilena y en esa lógica creo que la DC debría estar dispuesta a respaldar una postulación de Camilo en alguna senaduría donde naturalmente no vaya un DC”, señaló el ex diputado, según consigna el diario La Segunda.
En ocasiones anteriores, Martínez ya había hecho ver este punto, consultado por el futuro de Escalona tras rechazar participar en las primarias socialistas por la Región de Los Lagos. El gesto tiene lugar a dos semanas de que el socialista revindicara la vigencia del acuerdo en el PS y la DC. Consultado por esto último, Martínez señaló que “independiente de eso, es una valoración del rol que él ha desarrollado y me parece importante que él lo mantenga”.
Según trascendidos, esta idea es compartida por un amplio sector de la DC que consideraría “imprescindible” que Escalona continúe siendo parte del Senado y jugando un rol de interlocutor entre la DC y el PS. Hay quienes afirman que el partido falangista podría impulsar la postulación del senador en las tres circunscripciones donde la colectividad aún no ha definido su candidato. En este escenario, el ex timonel de la tienda socialista podría competir por la Región de Los Ríos, por la VIII Costa o en la II región.
Cercanos a Escalona y a Martínez destacaron que ambos coinciden al ser férreos defensores de la vigencia de la Concertación, y particularmente de las relaciones cercanas entre el PS y la DC. Asimismo compartirían la preocupación por la posibilidad de que dirigentes del PS y PPD se tienten a perjudicar esta alianza política.
 
FUENTE: EL MOSTRADOR

Por qué para la televisión cien encapuchados son más que 100 mil estudiantes

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Periodista. Director de Postgrado en Comunicación PUCV.
 
Ingentes esfuerzos, a ratos desesperantes y lastimeros realizaban en vivo dos periodistas-rostros de CNN Chile tratando de responder al twitt de Gabriel Boric, ex presidente de la FECh, por la cobertura que los canales de televisión dieron a las manifestaciones estudiantiles de este miércoles. “Es indignante la cobertura de la prensa. Si hay 100 mil marchando pacifica% y 100 capuchas, cubren en 90% del tiempo destrozos y un 10% marcha”, twitteaba Boric.
Las conductoras de CNN Chile recogieron el guante, leyeron el twitt y trataron, en vivo, de explicar ese evidente y permanente desbalance que los canales chilenos suelen mostrar al enfatizar los actos violentos de pocos por encima de las acciones pacíficas de muchos. Las respuestas de las conductoras resultaban forzadas, eran meras descripciones y se centraban, sobre todo, en dar cuenta, gracias a cámaras fijas de las Unidad Operativas de Control del Tránsito, de los daños a un paradero del Transantiago (“que sirve a muchos chilenos cada mañana y los protege de las lluvias”) que en ese momento estaba siendo destrozado por encapuchados (“que por algo se encapuchan, eso es evidente”).
Pero claro, describir una situación no es explicarla, y el pseudo-análisis de las periodistas no lograba salir del nivel descriptivo de la situación, ni menos pasar a un nivel explicativo que permitiera entender lo que Boric
alega: por qué tanta cobertura a tan pocos y tan poca cobertura a tantos.
El criterio editorial, la selección, el encuadre noticioso y la valoración informativa siguen lineamientos ideológicos que, en la mayoría de los casos operan de manera no consciente, de lo contrario, las conductoras de CNN Chile hubieran sabido explicar por qué hacen lo que Boric les enrostra, no sólo describir lo que estaban haciendo. Así las cosas, la coerción que existe es la ideológica, ninguna otra, superada esa, otro enfoque de la noticia, otras preguntas y otra escala de valor sería posible.
En las rutinas de producción de la noticia la opcionalidad existe, al menos potencialmente; es decir, es perfectamente posible para la prensa elegir a quién dar más cobertura, no hay una imposición autoritaria, una coerción directa, dictatorial y previa, ya no opera DINACOS y el tiro de cámara puede centrarse tanto en el 90 % de los manifestantes como en el 10 % de los encapuchados, eso es una opción. La sala de redacción periodística no tiene una reglamentación o un acuerdo previo colectivo que norme la naturaleza de la cobertura en el sentido señalado.
Lo que sí existe en las rutinas periodísticas es la necesidad de seleccionar y la de encuadrar. Claro, hay que seleccionar entre todos los acontecimientos que ocurren aquellos acerca de los que se va a informar y una vez hecha esa selección, los periodistas deben optar por el encuadre que le darán a dicha información. Esa operación de encuadrar consiste en concentrar la atención en ciertos aspectos y no en otros. Se organizan así los acontecimientos de acuerdo a reglas de relevancia/irrelevancia y, de paso, se incide en la percepción del espectador.
Efectivamente, esas operaciones de seleccionar y encuadrar son obligatorias, pero qué se considera relevante o irrelevante es una decisión editorial y una opción personal del profesional, sobre todo cuando se está “en vivo y en directo”.
¿Por qué entonces se valoran mayoritariamente los acontecimientos del modo que Boric critica? Porque ante la ausencia de reflexión crítica en la rutina profesional, la escala de valor a la que se acude y que se aplica para guiar el encuadre periodístico es la de la ideología dominante. Y esa es la ideología neoliberal, la misma que valora más la propiedad privada que los derechos sociales. Por lo tanto, que pocos destruyan propiedad privada es más noticioso a que muchos reclamen pacíficamente por derechos sociales. El valor de la propiedad es un valor sagrado, jurídicamente fundamental, y esencial para la ideología dominante, no en vano somos el único país del mundo que ha privatizado su agua, la de riego, la de sus ríos y la de sus mares.
De este modo, el criterio editorial, la selección, el encuadre noticioso y la valoración informativa sigue lineamientos ideológicos que, en la mayoría de los casos operan de manera no consciente, de lo contrario, las conductoras de CNN Chile hubieran sabido explicar por qué hacen lo que Boric les enrostra, no sólo describir lo que estaban haciendo. Así las cosas, la coerción que existe es la ideológica, ninguna otra, superada esa, otro enfoque de la noticia, otras preguntas y otra escala de valor sería posible.
Soy profesor universitario, mis alumnos y alumnas terminan la carrera con una deuda promedio de 8 millones de pesos sobre sus espaldas; ¿qué es más violento, condenar a miles de estudiantes a adquirir una deuda de ese tamaño por educarse o que algunos tontitos rompan paraderos? Para las noticias de televisión, igual que para la ideología de la propiedad privada las cosas están claras.
 
FUENTE:EL MOSTRADOR

Marchas en todo Chile marcaron jornada de movilización estudiantil

Diario Uchile
marcha
Los estudiantes realizaron un positivo balance de la jornada de este miércoles, una nueva marcha por la educación pública. Miles de trabajadores pertenecientes a la minería y el sector portuario adhirieron en esta jornada. Por su parte, el gobierno anunció nuevos proyectos de ley e insistió en los actos de violencia. Solicitaron además la renuncia de la ministra de Educación, Carolina Schmidt, por tomarse vacaciones.
La protesta estudiantil comenzó de tres puntos distintos en Santiago: metro Franklin, frontis de la Universidad de Santiago y el Museo Nacional Bellas Artes, confluyendo todas en Plaza Los Héroes. La amplia convocatoria tuvo adhesión de gremios portuarios, quienes paralizaron en distintos puntos del país, además de otras marchas en distintas ciudades.
Al finalizar la jornada, distintos enfrentamientos entre encapuchados y la fuerza policial mantuvo cortado el tránsito en varios puntos de Santiago.
Un factor destacado por los dirigentes es la ausencia de la ministra del ramo, Carolina Schmidt, quien está de vacaciones en Italia. Isabel Salgado, vocera de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios, ACES, señaló que su ausencia es “la muestra fehaciente de que el Gobierno no está interesado en resolver el conflicto con el movimiento social por la educación”.
“No le interesa la educación chilena, no le interesan los estudiantes ni sus conflictos y demandas y eso queda reflejado en que se va de vacaciones, entendiendo que hoy en día hay más de cien colegios en toma y por lo visto a ella eso no le afecta. O sea, es una modelito más de Piñera, que la puso ahí porque tenía una buena aprobación. Ella no se ha juntado con los estudiantes, no ha conversado con ellos y n ha hecho nada, no la hemos visto”, expresó la dirigente estudiantil.
Por su parte, el presidente de la FECH, Andrés Fielbaum, delineó a primera hora los objetivos de esta marcha pacífica: “No permitiremos que avance su agenda legislativa, que está totalmente en la línea opuesta de lo que hemos estado exigiendo. Además, que vamos a exigir que se cumpla la única promesa que ha hecho este gobierno mediante Harald Beyer y Joaquín Lavín, de derogar los decretos con fuerza de ley que impiden la democracia en las universidades privadas”.
El dirigente hizo un llamado a los candidatos, quien indicó que “hoy Chile se organizó, es diferente, no va a seguir tolerando que se haga de sus negocios un derecho. Hoy día Chile exige que se cambie radicalmente la forma de la democracia, que haya una participación mucho más directa de la ciudadanía y, si eso no ocurre, las movilizaciones van a seguir ascendiendo”.
Desde el gobierno, la respuesta vino desde el ministro de Interior, Andrés Chadwick. “No son estudiantes, son delincuentes, son violentistas y extremistas”, señaló Chadwick y agregó que “En esta oportunidad han actuado de forma coordinada para provocar estas acciones de violencia”.
“Junto con rechazar a estos extremistas y presentar querellas, queremos llamar a quienes están convocando a la marcha… El gobierno ha facilitado el ejercicio del derecho de reunión y movilización. Carabineros va a actuar como siempre”, señaló el secretario de Estado.
“Pedimos a los convocantes que controlen y expulsen a los encapuchados. Que colaboren con la acción de Carabineros”, finalizó el ministro.
Presidente anuncia más leyes de seguridad
Sebastián Piñera, desde Alto Hospicio, anunció que “en los próximos días enviaré al Congreso un proyecto de ley que establece la identificación preventiva en casos de desórdenes públicos o de marchas masivas”, esto debido a los enfrentamientos entre encapuchados y Carabineros en la mañana.
“Hoy día en muchas ciudades de Chile está convocada una marcha y un paro. Desgraciadamente empezamos con el pie izquierdo porque en la madrugada de hoy hubo escenas de extrema violencia”, agregó el mandatario.
Sobre el proyecto de ley, el Jefe de Estado sostuvo que “no es para restringir la libertad, todo lo contrario, es para proteger mejor la libertad de la in mensa mayoría de chilenos que queremos vivir en paz y no permitir que un puñado de delincuentes se sienta con el derecho de pasar por encima de la libertad de todos los chilenos y chilenas”.
Adhesión de gremios
Manuel Ahumada, vicepresidente de la Confederación de Trabajadores del Cobre, señaló que “se hace una convocatoria general con la idea de dar una señal potente a quienes gobiernan, porque han dicho que la problemática educacional es de una minoría y que los manifestantes son una minoría. Que no se equivoquen, aquí hay una gran mayoría y la falta de responsabilidad y de dar solución a las demandas de los estudiantes es un problema de los trabajadores y los pobladores, porque son nuestros hijos, y es un problema país”.
Robinsón Ávalos, de la Unión Portuaria de Chile, cuantificó en seis mil los trabajadores que cesaron sus funciones este día, en puertos de las regiones de Antofagasta, Valparaíso, Biobío y Los Lagos.
“Iquique, Antofagasta, Mejillones, Chañaral, Caldera, Huasco, gran parte de Valparaíso, toda la Octava Región y Puerto Montt estarían paralizando. Esperamos que también lo haga la gente de Punta Arenas y de Corral y Calbuco. El 80% de los puertos del país estaría mañana paralizando en un turno, a partir de las 8 de la mañana hasta las 15.30, apoyando la movilización de nuestros compañeros estudiantes para una educación digna y gratuita, y también en contra de las AFP”, señaló el dirigente portuario.
Trabajadores se sumaron a marchas
No solo estudiantes se convocaron en la marcha nacional obrera estudiantil, que se observó en varios puntos del país. En Santiago, trabajadores públicos y privados de diversos rubros de la economía acudieron al llamado de las tres principales organizaciones matrices de organización estudiantil, Cones, Aces y Confech.
La Confederación de Empleados Particulares de Chile (CEPCH), que agrupa a 45 organizaciones sindicales del sector privado, marchó por la Alameda en demanda de una reforma al Código Laboral, que permita mayor sindicalización y negociación inter-empresas.
El secretario ejecutivo de la Confederación, René Salinas, dijo que esta movilización nacional representa un hito en el cual los trabajadores se pliegan al movimiento social por la educación: “Es el momento en que los trabajadores debemos plegarnos a las movilizaciones estudiantiles, y no sólo en apoyo, sino sumar demandas laborales. Hemos permanecido en silencio, que nos pasen a llevar. Porque creemos que se debe cambiar el Código Laboral, creemos que esta relación entre trabajador y empleador es escandalosa”.
Además de los trabajadores industriales, llegaron delegaciones de profesores de varias ciudades del país, tales como Temuco, Concepción, Talca, La Serena y Copiapó.
El vicepresidente del Colegio de Profesores, Juan Álvarez, relevó la desmejorada situación laboral y sobre todo previsional de los profesores, los que además son presionados al interior de las salas por supervisores que no permiten desarrollar las clases en los liceos municipales: “Ojalá que presionemos a los candidatos para que tomen los problemas que tiene este país”.
Mientras el tema contingente fue la educación pública, la exigencia de fondo fue la creación de una Asamblea Constituyente, que permita legitimar la institucionalidad democrática y superar la actual crisis de representatividad de la clase política.
La marcha por la Alameda confluyó desde tres puntos de la capital hacia la Plaza de Los Héroes, en la intersección con la Autopista Central. En ese punto, se dispuso la instalación de un escenario para el acto político y cultural, donde se relevaron tres temas centrales: El fortalecimiento de la educación, la nacionalización de los recursos naturales y la creación de una Asamblea Constituyente.