Opiniones
Domingo 04 de Marzo de 2012
Mall o mal en la ciudad de Castro: una herida irreparable
Domingo 04 de Marzo de 2012
Mall o mal en la ciudad de Castro: una herida irreparable
Edward Rojas
Arquitecto de Chiloé
Es verdad que la mayoría de los habitantes de Chiloé queríamos un mall , es verdad que estos centros comerciales acá en el sur aportan un espacio climatizado bajo la lluvia, que se convierten en lugares de encuentro, en verdaderas plazas techadas donde realizar compras de una amplia oferta de productos y gozar de esparcimiento. En el fondo, los chilotes anhelan, y con justa razón, tener acceso expedito a la modernidad como el resto del país.
Actualmente, muchas familias van los fines de semana a Puerto Montt, después de un largo viaje de 4 horas a adquirir productos, a disfrutar del patio de comida o ver una película, porque en Chiloé hace 35 años que se cerró el único cine que existía en Castro.
De ahí que la discusión que se ha generado a nivel local, nacional e internacional, a raíz de la impactante foto que ha circulado ampliamente en las redes sociales y medios de comunicación, no pasa por el hecho de la pertinencia de un mall en Chiloé sino por el modo en que éste se está haciendo y el lugar donde se ha emplazado, en pleno casco histórico de una ciudad cuatro veces centenaria y cuya iglesia, San Francisco, ha sido reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Lo que aquí ha sucedido es que se han mezclado en un cóctel letal, una serie de situaciones que han llevado a la concreción de un megaedificio, el cual -a todas luces- es una aberración urbana y arquitectónica de enormes proporciones que ha generado una herida irreparable, dejándonos a nivel internacional como unos ignorantes e insensibles.
En esta mezcla explosiva, de algún modo se han unido la justa aspiración de los chilotes, con una inmobiliaria inescrupulosa e insensible, que sin ninguna responsabilidad social y patrimonial, fue comprando pequeñas propiedades en pleno centro de la ciudad para demoler sus casas y tener un sitio de cerca de media cuadra, con una vista privilegiada al estero de Castro para realizar su proyecto. Esta presentó a la Dirección de obras el boceto de un mini- mall de 4 pisos, con 24.000 m {+2} y 149 estacionamientos, que por lo mismo no requería de estudios de impacto vial.
Estos dos elementos se juntan con una autoridad sin visión, que ve con buenos ojos esta inversión en la ciudad por la cantidad de empleos que va a generar, la que no cuestiona el hecho de que ésta se concrete en el casco histórico, pudiendo haber negociado o convencido a los financistas de que se hiciera fuera de la ciudad, como en toda urbe civilizada, donde el mall habría sido un aporte significativo.
A esto se agrega la débil legislación de un plan regulador, y una ordenanza local librada al mercado feroz, que no previó la defensa de las tradiciones, el patrimonio y la identidad. Esta legislación no contiene exigencias apropiadas y acordes al patrimonio, y la obra nueva se puede construir en un territorio reconocido mundialmente por la singularidad de su cultura.
Tal vez aquel mini- mall , que nunca fue socializado con la comunidad, y que según la propaganda contemplaba cine y patio de comidas, podría haber funcionado adecuadamente, como el Mall Paseo del Mar, de Puerto Montt. Y así cándidamente lo imaginábamos, pero fue sólo una argucia que nos impidió reaccionar a tiempo. Este proyecto que cuenta con permiso municipal, no se realiza y lo que se construye es un mega- mall , que pretende llegar a 33.000 m {+2} , con 300 estacionamientos lo que obliga a un estudio de impacto vial que no está aprobado. La construcción, actualmente, ya va en 7 pisos y se pretende seguir creciendo con una torre para albergar un hotel, un centro médico, un centro de formación técnica y sólo recién salas de cine.
El proyecto tiene 3 notificaciones de paralización de obra no acatadas por la empresa y, hasta el momento, tiene un avance del orden de los dos tercios de lo que se pretende construir.
La Iglesia San Francisco, la ciudad de Castro y sus alrededores, ven cómo un gigantesco y grotesco edificio, sin respeto por el patrimonio y la identidad cultural de Chiloé y sus habitantes, invade el paisaje rompiendo el skyline tradicional de la ciudad. Al llegar a ella desde el norte, de Castro Alto, o desde el mar, es la mole del mall la que nos recibe. Un mall que ha hecho el mal de romper la escala de la ciudad, minimizado el Patrimonio de la Humanidad y reemplazado groseramente el símbolo religioso por el símbolo del consumismo.
Las preguntas saltan a la vista, como lo han señalado preocupados visitantes chilenos y extranjeros: ¿qué ha ocurrido aquí?, ¿quién promovió esto?, ¿quién regula esto?, ¿quién aprobó esto?, ¿quién es el responsable de este error?; o cabe el preguntarse, en qué están los profesionales que perpetraron esta mole. O por simple exclamación, ¿dónde está la ética profesional de la oficina de arquitectos argentinos que proyectó este edificio internacional, construido con múltiples irregularidades administrativas?
Frente a este mal consumado surgen nuevas preguntas: ¿Qué se puede hacer hoy para impedir que el mall siga creciendo? ¿Qué exigencias se le puede hacer para generar mitigaciones a la ciudad y a sus habitantes que van a tener que aprender a vivir con él?
Para quienes habitamos esta ciudad, nos parece urgente que las autoridades hagan cumplir la ley. La Dirección de Obras ha cursado los partes de paralización y entregado los antecedentes al juzgado de policía local, donde la jueza debe dictar sentencia. El alcalde, a petición del director de Obras, puede ordenar la demolición total o parcial de las obras ejecutadas fuera de norma. El seremi de Vivienda y Urbanismo, por resolución fundada y con auxilio de la fuerza pública, puede a su vez paralizar y hacer demoler aquello que contravenga el Plan Regulador.
Y los inversionistas con sus arquitectos, tienen la obligación ética de que el edificio no siga creciendo y de realizar todas las obras de mitigaciones que sean necesarias para que esta obligada convivencia logre un mínimo de armonía con el entorno y sus habitantes, a pesar de que el mal ya está hecho y donde el mall se ha vuelto parte de un paisaje contradictorio, producto de un desafortunado contrapunto con la ciudad, los palafitos y su iglesia Patrimonio de la Humanidad. La verdad es que lo que queríamos era un MALL y no un MAL.
FUENTE: EL MERCURIO
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