lunes, 1 de febrero de 2016

Opinión
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El socialismo de Atria II: Idealismo moral y política

por  1 febrero 2016
El socialismo de Atria II: Idealismo moral y política
La actitud moralizante, si se aplica a toda conformación de poder –al Estado y al mercado–, termina sumiéndonos en el desasimiento. Aplicada solo a una de las conformaciones sociales de poder –en este caso: al mercado–, se vuelve cómplice de la otra.
La definición que Atria hace del mercado (M1) y los derechos sociales (DS1) abre la esfera de los motivos o intenciones de la acción humana a la praxis política (véase la columna anterior: 'El socialismo de Atria I'). La política pretende alterar los motivos o intenciones de los seres humanos, conseguir que el ser humano se vaya volviendo bueno, generoso, ciudadano.
La presencia del hombre bueno debiese coincidir con la desaparición de lo que Atria entiende como la cara deficitaria del mercado y el Estado. Ambos poseen un aspecto institucional y uno “preinstitucional” o, dicho de otro modo, un aspecto frustrante y uno de plenitud. El mercado como “preinstitucional” es el intercambio libre y generoso; como institucional es, además, un mecanismo de exclusión. El Estado como “preinstitucional” es la deliberación política, como institucional, también, un mecanismo coactivo. La superación de la faz deficitaria o excluyente del mercado daría paso a la “consumación del mercado”, es decir, a “la posibilidad de intercambiar sin necesidad de que ese intercambio sea hecho probable por la institución del derecho de contratos” (Neoliberalismo con rostro humano. Santiago 2013, 154). La superación del aspecto coactivo del Estado daría paso, de su lado, a un proceso deliberativo en el cual se alcanzaría el consenso, el derecho sería “posible sin opresión” y “el reconocimiento” devendría “radical” (VP I, 43, 42). Esta es la teleología moral que orienta el proyecto político de Atria.
Ella es obtenida a partir de un método que permite explicar, por su carácter idealizante, el talante moral abstracto de la propuesta de su autor. Antes que a una comprensión atenta, preponderantemente, a la realidad concreta y sus circunstancias, en la cual quepa ir identificando aspectos más y menos plenos, y a partir de ellos ir encontrando orientación, según el sentido que va revelando la experiencia, Atria propone darle de partida un giro constructivo a la reflexión, por virtud del que se obtiene un criterio prescriptivo según el cual proveer de orientación de antemano y abstractamente a la realidad entera.
En esta comprensión de los conceptos políticos, se está privilegiando metodológicamente nociones ideales y soslayándose –como no sea para calificarla o descalificarla– la realidad concreta, su multiplicidad, su –cabe decirlo preliminarmente– legítima multiplicidad.
El mercado y la propiedad privada, cuando no se los sujeta a límites ni se cuida la distribución del poder económico, pueden operar como dispositivos manipulativos. Pero, en tanto que limitaciones del aparato deliberativo –y al final coactivo– del Estado, coinciden, hasta cierto punto, precisamente con la facultad de apartarse de la deliberación política y los límites que ella impone.
Para avanzarse hacia el fin ideal de la concepción política de Atria, se debe recorrer un camino. Porque existe el mercado como institución y el Estado como aparato coactivo. La coactividad del Estado es, empero, la herramienta para hacer operativos los primeros pasos hacia la emancipación. Ha de emplearse al Estado como brazo ejecutor de una deliberación política de vanguardia, para “remover” el aspecto alienante del mercado (NL 156). Los derechos sociales describen no solo la motivación moral que impulsa el proyecto (DS1), sino las herramientas institucionales necesarias para desplazar el aspecto institucional y alienante del mercado (DS2 y DS3). El talante institucional con el que están contaminados los derechos sociales, que deban realizarse incluso coactivamente, se explica por el aspecto deficitario del mercado. De lo que se trata es de abrir espacios a la deliberación, de tal suerte que el ser humano vaya dejando de interactuar habitualmente de acuerdo a su interés propio y se eduque según la dirección ciudadana.

Rechazo moral del mercado

Atria plantea que “no hay problema moral que no sea un problema político”; “lo moral se disuelve en lo político” (VP I, 38, 39). La idea de una disolución de lo moral en lo político pareciera indicar que lo político engulle lo moral, transformándose los problemas morales en cuestiones puramente políticas, donde se alcanza la máxima distancia con el moralista y la preocupación no se dirige a la mera denuncia, sino a la transformación de las condiciones bajo las cuales el vicio se facilita (cf. VP II, 62). Pero lo moral tiene un peso irreprimible y se desquita. Su pretensión absoluta termina devolviendo la mano y absolutizando lo político. La politización de lo moral acaba en una política moralizante, que se expresa en la condena persistente de Atria al mercado como inmoral y a los intereses individuales como vicios, incluso, según veremos, en su rechazo a la posición de quien no está dispuesto a reconducir su entera existencia a los criterios generales de la deliberación política. En el mercado como institución radica, para Atria, la fuente del mal que debe ser eliminado: el interés individual (cf. DS 126; VP I, 33). Dicho interés se articula en la institucionalidad excluyente del mercado (cf. VP I, 30, 42; II, 61).
La inmoralidad del mercado en tanto que institución y la moralidad de los derechos sociales juegan un papel determinante en la consideración que hace Atria de ambos en su propuesta. La inmoralidad que le atribuye al mercado, le impide atender a aquel como un factor relevante en el despliegue humano, especialmente a su aporte en la distribución del poder social.
Aunque se entienda que el mercado es inmoral, no hay que olvidar que la acción del Estado también puede serlo. No solo un Estado corrupto, el Estado en su operación normal, actúa, en último término, mediante violencia, según un modo objetivador de trato, experimentado por quien resulta afectado directamente por aquella, usualmente como puro sinsentido. Dado que el poder del mercado, tomado como totalidad, solo resulta desplazable por la acción estatal, la actitud de quien no quiere contaminarse con la inmoralidad del mercado supone acudir a ese Estado. Entonces, quien lo hace, termina admitiendo no solo la insuprimible violencia usual del Estado en un régimen de economía libre. Además, al apoyar los esfuerzos por reducir el mercado, desconoce su capacidad limitativa del poder político, y deviene cómplice de los abusos que se generan por la concentración del poder estatal.
La actitud moralizante, si se aplica a toda conformación de poder –al Estado y al mercado–, termina sumiéndonos en el desasimiento. Aplicada solo a una de las conformaciones sociales de poder –en este caso: al mercado–, se vuelve cómplice de la otra. Ante esta tensión, cabe preguntarse si la posición más razonable y atenta a los peligros y la inmoralidad de la manipulación no es la que apunta a dividir el poder social: primero, entre el Estado y el mercado, luego al interior del Estado y del mercado. Atria puede decir que el Estado será superado una vez que se supere el egoísmo en el mercado y se vayan alcanzando niveles más plenos de deliberación (cf. VP II, 61; NL 152 ss.). Más allá de que algo así parece difícil, en el intertanto el Estado –coactivo– sigue operando, ahora, gracias a la reducción del mercado, con mayor poder aún.
Debe precisarse, además, que, si el Estado, en tanto que institución, no es completamente inmoral, sino que su violencia se explica y eventualmente legitima como medio para conjurar la violencia, el mercado, y en tanto que institución, tampoco lo es totalmente. Por de pronto, porque, como institución, es un modo de dividir el poder social, evitando una excesiva concentración de poder estatal. Su presencia significa que los ciudadanos cuentan con poder e independencia económica mayores que si la vida económica es controlada por el Estado. Luego viene la tarea de calibrar la relación entre ricos y pobres, así como la de establecer las condiciones mínimas y razonables que han de satisfacerse para todos, a fin de que todos y no solo los más ricos puedan “desarrollar sus propios planes de vida” (NL 159). Pero el hecho del mercado significa, dado el hecho del Estado, una limitación del Estado y, con ello, una división del poder y mayores grados de libertad: para opinar, actuar, ganar distancia.
El interés individual no es necesariamente inmoral, como entiende Atria, cuando vincula tal interés con “vicios”, un contexto de condiciones “inhumanas”, una racionalidad “puramente instrumental” y objetivante (VP II, 61; I, 30, 42).
Existe, ciertamente, el egoísta destructivo y nihilista, y el empresario codicioso. Pero sería descuidado dejar de notar que los individuos hallan en sí mismos un clamor por distancia, un anhelo por espacios y tiempos propios, lo mismo que por experimentar estética, productiva y afectivamente fuera de relaciones específicamente políticas. Se trata aquí, en la contemplación teórica y estética, en la invención creadora, en la experiencia de la intimidad, en los lazos estrechos de la complicidad, en la atención a la propia e insondable interioridad psíquica, de un campo de vivencias de plenitud fundamentales para una existencia auténtica y con sentido.
Esa dimensión privada es también requisito para una vida interior nutrida, recién luego de la cual se puede acudir a la esfera pública y contribuir a ella con más que la reiteración de “lo que se dice”. Pura publicidad deliberativa, sin algo de retiro, termina significando superficialidad.
En tanto que se trata de experiencias de sentido distintas de lo político, esa existencia privada emerge como un aspecto constitutivo específico del despliegue humano. El interés individual es, en cuanto tal, no un mero interés, como un hecho neutral o negativo, sino un interés, en principio, legítimo.
El mercado y la propiedad privada, cuando no se los sujeta a límites ni se cuida la distribución del poder económico, pueden operar como dispositivos manipulativos. Pero, en tanto que limitaciones del aparato deliberativo –y al final coactivo– del Estado, coinciden, hasta cierto punto, precisamente con la facultad de apartarse de la deliberación política y los límites que ella impone. Este apartamiento da espacio a la singularidad espontánea del individuo, campo de expresión a hondos anhelos y pulsiones, más allá,  incluso, de los límites de lo “políticamente correcto”.
Atria, en cambio, reconduce al ser humano a lo genérico y su felicidad la vincula enfáticamente con la felicidad ajena: “La autorrealización de los demás es condición de la autorrealización propia” (VP II, 43). Sobre la argumentación de Atria para sustentar esta afirmación volveré en la columna siguiente. Aquí he de indicar que, aun cuando el Estado opere según las reglas de la deliberación y la democracia, el modo de racionalidad deliberativa guarda, por su carácter generalizante, un insoslayable potencial opresivo, el cual no depende solo, como entiende Atria, de la influencia de las condiciones del mercado en la vida política (cf. VP II, 61). Un mercado lo suficientemente fuerte como para limitar efectivamente el poder estatal, viene a ser un contrapeso insustituible para hacer emerger un espacio sustraído a la deliberación política y dar expresión a la legítima singularidad del individuo, su espontaneidad específica, sus anhelos y pulsiones, más allá de los límites de lo generalizable.
FUENTE: EL MOSTRADOR

Diputados piden investigar el negocio de la basura

Raúl Martínez  19:13 hrs.
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A raíz del incendio en el relleno Santa Marta hace algunas semanas, surgieron dudas respecto al trabajo de estos vertederos en la Región Metropolitana. Parlamentarios de todos los sectores impulsan la iniciativa.
Los serios problemas que dejó el incendio del vertedero Santa Marta en toda la Región Metropolitana, llevó a que un grupo de parlamentarios de todas las bancadas solicitaran una comisión que investigue el negocio de la basura en la capital.
El diputado Leonardo Soto, indicó que se trata de establecer las responsabilidades políticas no sólo a raíz del siniestro, sino también ante la entrega de permisos de manera irregular cuando se conocían advertencias de los perjuicios que provocarían este tipo de rellenos.
“La RCA (Resolución de Calificación Ambiental) que cada uno tiene, han sido muchas de ellas emitidas en sospechosas circunstancias. Y hoy día le vamos a dar una actualización, una revisión completa de ellas. Vamos a poner en el centro de la discusión y del debate en esta comisión investigadora la protección de la vida y la salud de todos los chilenos que viven en la Región Metropolitana”, precisó Soto.
Mientras, el diputado Leopoldo Pérez de Renovación Nacional, indicó que se necesita resguardar a la población de este tipo de vertederos.
Al respecto, subrayó que ya en años anteriores hubo una comisión investigadora “estamos hablando del año 2001, 2002, en donde al inicio del trabajo de este relleno empezó con bastantes problemas y ya lleva un historial que obviamente que alguien debe tener responsabilidades políticas para poder ver hacia futuro y los otros rellenos sanitarios puedan tener las medidas de mitigación adecuadas, a objeto que no perjudiquen a la población y tampoco perjudiquen la actividad misma del relleno”.
Otro punto es esclarecer el “negocio oscuro de la basura”, como destacó el diputado Nicolás Monckeberg, cuando además los tribunales investigan la trama de pagos fraudulentos en importantes comunas de la Región Metropolitana para adjudicarse las licitaciones de la recolección de la basura donde también están involucrados los ejecutivos de los rellenos sanitarios que operan en Santiago.
La solicitud de crear la comisión investigadora será analizada en el mes de marzo por la sala de la Cámara de Diputados.

FUENTE: RADIO U. DE CHILE

Cambia todo cambia… (pero nada cambia)

Víctor Herrero  8:37 hrs.
CHILE
Aunque en las filas oficialistas sea un himno casi a la altura de las composiciones clásicas de la Nueva Canción Chilena, lo cierto es que esa música refleja lo alejada que está la clase política de centro-izquierda –y la clase política en general– de lo que está sucediendo en el país... Nuestra centro-izquierda es en realidad una centro-derecha… a la europea, pero igual lo es. Es decir, son viejos-viejos y añejos-añejos.
Julio Numhauser, uno de los fundadores de Quilapayún en julio de 1965, grabó como solista en 1982 una canción titulada “Todo cambia”. La canción alcanzó popularidad continental gracias a la versión que realizó Mercedes Sosa en 1984. La letra habla de cómo las personas, las cosas y el mundo van cambiando con el tiempo, pero es, en el fondo, un canto de un exiliado que afirma que todo puede cambiar menos el amor por el país natal.
Es una canción hermosa, de letra sensible, un canto que forma parte ya del repertorio clásico de los estandartes de la Concertación y la Nueva Mayoría, en especial para aquellos que sufrieron el exilio durante la dictadura de Pinochet.
Aunque en las filas oficialistas sea un himno casi a la altura de las composiciones clásicas de la Nueva Canción Chilena, lo cierto es que esa música refleja lo alejada que está la clase política de centro-izquierda –y la clase política en general– de lo que está sucediendo en el país.
Transcurrido un año desde que estallara el caso Caval, la Presidenta Michelle Bachelet no cambia de tono ni de discurso. Si bien ahora no fue “me enteré por la prensa”, la mandataria recurrió a los mismos argumentos emocionales y maternales de hace un año para referirse a la formalización de la madre de sus nietos, Natalia Compagnon. Es como si, pasados 12 meses, Bachelet aún no se diera cuenta que la cariñocracia que ella misma inauguró en 2006 se acabó, y se acabó por siempre. Ya no existe esa conexión emocional entre la Presidenta y la ciudadanía. Es muy distinto la postura política de “Yo siento tu dolor y carencias” que aplicaba hace una década hacia los ciudadanos, que el “Sientan mi dolor y carencias” que la mandataria ejecuta ahora.
Nuevamente, pasado un año parece que la inquilina de La Moneda no ha entendido nada acerca del impacto sicológico-política de Caval, una empresa proto-mafiosa manejada por su nuera y su propio hijo.
Pero nada cambia para nadie. El histórico coronel de la UDI, Pablo Longueira, involucrado ahora en el escándalo de Soquimich, publicó ayer una columna de desagravio en el diario El Mercurio, cuyo tono en nada se diferencia del que utilizó su correligionario y colega coronel Jovino Novoa hace exactamente un año. En esa columna, Longueira se queja de filtraciones a la prensa y del juicio público que condena de antemano a los acusados. Es un déjà vu. Y, para más remate, se le escapa un lapsus freudiano. Afirma el ex ministro de Piñera, que estuvo a cargo de implementar la Ley de Pesca que otorgó los frutos del mar de Chile a siete familia: “Me duele ver a la mayor parte de los dirigentes políticos tratados como delincuentes”. Como dirían los niños en su implacable lógica: lo dijo él, no yo. La frase de Longueira recuerda al “Chile no es un país corrupto” que pronunció el ex ministro Peñalillo en el oráculo de Delfos del establishment chileno, llamado Icare, o al “Yo no tuve sexo con esa mujer” del presidente estadounidense Bill Clinton respecto a la practicante de la Casa Blanca Mónica Lewinsky.
Así las cosas, tanto la presidenta como la derecha mantienen, en esencia, el mismo discurso que emplearon hace un año. Como si en estos 12 meses nada hubiera cambiado.
Para empeorar las cosas, en una reciente junta del Partido Socialista los militantes vitorearon a la presidenta de ese conglomerado, Isabel Allende, dando a entender que ella podría ser su candidata presidencial en 2017. Con ello, el PS cuenta ahora con tres posibles candidatos: la propia Isabel Allende (71 años), José Miguel Insulza (72 años) y Ricardo Lagos (77 años). “Es un orgullo tener tres cartas (…) en el camino veremos cómo se plantean las cosas”, afirmó el senador socialista Carlos Montes.
El promedio de edad de esos tres candidatos es de poco más de 73 años, es decir, ocho años más viejos que la edad que tenía el Presidente Salvador Allende cuando murió en La Moneda en 1973. ¿Ese es el futuro de Chile? Es verdad, la política no tiene edad. Pero como dijo el propio Allende en un discurso ante alumnos de la Universidad de Guadajara de México en diciembre de 1972: “Hay jóvenes viejos y viejos jóvenes, y en éstos (últimos) me ubico yo”. Y, la verdad, es que los socialistas actuales tienen olor a viejos-viejos.
Ser viejo-viejo hoy en día en política (es decir, estar a favor de que nada cambie) es un especialidad de la neo Concertación. Nicolás Eyzaguirre, el ministro Secretario General de la Presidencia, la entidad encargada de llevar adelante la agenda legislativa del gobierno, afirmó en una entrevista publicada ayer en el diario La Tercera: “El gobierno ha mostrado templanza a la hora de no dejarse presionar por los trabajadores en la tramitación de la reforma laboral”.
Qué distinto sería que el Ministro hubiera cambiado la palabra “trabajadores” por “empresarios”. Pero, claro, en ese caso sería un viejo-joven. Y nuestra centro-izquierda no está para esas cosas. Nuestra centro-izquierda, seamos francos, es en realidad una centro-derecha… a la europea, pero igual lo es. Es decir, son viejos-viejos y añejos-añejos.
En definitiva, todo cambia aunque nada cambie.
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Telescopio: Congreso PS; cómo ser delegado del exterior sin morir en el intento

 Publicado el 01 Febrero 2016
 ESCRITO POR SERGIO MARTÍNEZ (TEMPORALMENTE DESDE ÑUÑOA, CHILE)

A veces uno no sabe si algunas cosas es mejor tomarlas con humor, antes de hacerse mala sangre. Como espero que en las filas del Partido Socialista el humor no se haya perdido--como algunas otras cosas que ciertamente se echan de menos en la vieja colectividad de Grove, Allende y Almeyda--no puedo menos que lanzar estas pocas observaciones, luego de un accidentado periplo por las laberínticas instancias burocráticas de esa organización, todo ello porque, habida cuenta de que viajaba de vacaciones a mi país de origen, como suelo hacer en esta época para escapar los rigores del invierno canadiense, mis camaradas de partido en Montreal me habían designado, junto a otro compañero, como delegado al XXX Congreso del Partido Socialista realizado en Santiago este pasado viernes y sábado.


Mejor mis camaradas no se hubieran tomado la molestia: pese a que toda la documentación había sido enviada con debida anterioridad y que el jefe comunal de Montreal, que había visitado Chile unas semanas antes, se había entrevistado con las más altas autoridades del Partido, llegado el momento de obtener las credenciales nos enteramos que no estábamos reconocido en parte alguna. El problema ya había surgido cuando en las elecciones internas del año pasado el tribunal supremo había anulado nuestra votación descalificando a nuestro comunal. Más escandalosamente aun, en esa ocasión la votación de los socialistas de Montreal fue anulada por el tribunal ¡después de conocerse sus resultados!

Si nos servía de consuelo, los delegados de Montreal no éramos los únicos en este extraño limbo burocrático: alrededor de una decena de otros delegados del exterior estaban en la misma situación. Eventualmente se nos concedió status de delegados fraternales, es decir con derecho a voz pero no a voto. Todo lo cual por cierto hace del caso una singular paradoja: mientras por primera vez el Estado chileno ha reconocido el derecho a voto de los chilenos en el exterior, el PS (o para ser justo, sus instancias burocráticas) se lo niega a sus propios militantes de fuera del país. Una paradoja subrayada por el hecho que aun hoy en sus altos cargos directivos y en el comité central hay muchos que en algún momento estuvieron en el exilio.

Como es de conocimiento público que hoy el PS es en verdad la suma de una variedad de tendencias o fracciones, situación que se refleja en sus estructuras como era el caso de la Comisión Organizadora Nacional (CON) del Congreso, me inclino a pensar que ésta, ante la imposibilidad de saber si los delegados del exterior se identificaban con algunos de esos "lotes", como se los llama coloquialmente, optó por lo más simple: no acreditar a esos "misteriosos" delegados. Otra instancia, posteriormente, nos aceptaría pero sólo como "fraternales" de ese modo no alteraríamos el paisaje tendencial interno.  

¿Cuál es el rol del PS o de cualquier grupo que de manera genérica se proclame socialista o izquierdista en el contexto del Chile de hoy? La pregunta del millón como alguien pudiera decir. Una pregunta que sólo tiene respuestas aproximativas: intentar darle una faz más humana al capitalismo, proponer arreglos de estilo socialdemócrata que restauren algún equilibrio entre capital y trabajo, tratar de conseguir de los dueños del gran capital algunas pequeñas concesiones para los trabajadores, plantear una alternativa que represente una superación del sistema capitalista, pero sin precisar más qué contendría tal propuesta, son las ideas que uno puede encontrar subyaciendo en prácticamente todas los votos políticos presentados por las delegaciones al congreso. Nadie sin embargo pareció defender una noción tan desacreditada como la de ser eficaces administradores del modelo económico neoliberal que rige en el país, a pesar que ese triste rol ha sido el que por la mayor parte ha cumplido en todos estos años el otrora combativo partido fundado por Grove, Matte y Schnacke.

Por cierto, la mayor parte de la militancia, por lo que pude apreciar en las discusiones en las comisiones, parece seguir abrazando una postura política mucho más izquierdista que la que se manifiesta en las actuaciones de la mayoría de sus dirigentes y parlamentarios (las plenarias en cambio fueron más apagadas y pobres, en gran medida por una manera desordenada y a veces muy manipuladora de conducir los debates por parte de la mesa del congreso presidida por el ex ministro Alvaro Elizalde). Queda por determinarse, en el desarrollo de los nuevos panoramas que se abran, en especial en torno a la demanda por una nueva constitución a través de una asamblea constituyente, si el PS será todavía un instrumento válido para canalizar las aspiraciones de justicia social del pueblo chileno o si--como algunos sospechan--se trata de un partido que ha devenido clientelista, al estilo de lo que fue el viejo Partido Radical de los años 40 a 60.

La palabra final deben decirla los "militantes puros y sinceros" que, tengo la impresión, no están contentos con el actual estado de cosas ni en la sociedad chilena ni en cómo el PS se ha desempeñado en todos estos años.

FUENTE: EL CLARIN

Caval: apuntes judiciales sobre un caso político

 Publicado el 31 Enero 2016
 ESCRITO POR ISMAEL LLONA M.
·         Herman Chadwick Piñera, UDI, ex colaborador de Pinochet y ex ministro del interior de su primo hermano Sebastián Piñera, presenció con preocupación la transmisión televisiva de la formalización de su hijo Herman (UDI) por varios delitos en el llamado Caso Caval. El caso podría llamarse UDI-CAVAL.


·         Para observadores informados Chadwick hijo es el principal acusado, el cerebro de la compleja operación. Chadwick Piñera respiró cuando Chadwick Larraín no fue condenado, por ahora, a prisión sino sólo a no salir de su casa, para evitar huidas.
·         Michelle Bachelet, suegra de una de las inculpadas, esta vez por falsear pago de impuestos, es decir hurtarle al fisco en esta pasada 118 millones de pesos, reaccionó con dolor ante la formalización de su nuera Natalia Compagnon, y decidió dar “conferencia de prensa” en TV. No hubo conferencia de prensa sino un breve discurso. Se quejó de que estos habían sido “tiempos difíciles para mí y para mi familia, muy dolorosos”. Muchos nos preguntamos qué quiso decir con “tiempos difíciles para mi familia”. ¿Difíciles para su respetable señora madre, abuela materna de Dávalos Bachelet? ¿Difíciles para su hijo, casado y socio de Compagnon? ¿Difíciles para Natalia, su nuera, acusada de varios delitos? ¿Cuándo se pusieron difíciles estos tiempos? ¿Cuándo se cometieron los delitos? ¿Cuando se supo de los delitos? ¿Cuando los medios los magnificaron? ¿Cuando bajó ostensiblemente en su apoyo ciudadano y golpeó de muerte a la Nueva Mayoría y a “la política”? ¿O unas horitas antes de su discurso, cuando su nuera fue puesta en la pre-cárcel? Fuera de hablar de “lo difícil”, no tuvo palabras de condena al oscuro y decisivo Caso, ni a las pedidas al Banco de Chile de 6 mil millones ni por cierto a su nuera y a su hijo. No debió hablar para decir lo que dijo.
·         Sebastián Piñera se sonrió ante la TV cuando fue formalizada Compagnon. Pero se puso pálido cuando lo fue su destacado sobrino, el síndico de Rancagua, Herman Chadwick Larraín. ¿Debió huir Chadwick Larraín como lo hizo él en los  ochenta cuando se le persiguió por el Caso del Banco de Talca? Chadwick Larraín tiene ya 47 años y no es un niño de 33 como él en 1982, cuando lo del Banco. Chadwick Larraín pudo hacerlo pero confió en el Tribunal Constitucional, donde cuenta con varios operadores. Este puede ser para Piñera un caso más complicado aún que el de senadores que apoyaron al ex Presidente, como Orpis y Novoa, o de ministros como Golborne, Moreira y Longueira, ministras como Ena Von Baer (“está bien buena la Ena” dijo alguna vez Piñera), o de subsecretarios coimeados, o…algunas correrías de su hermanito menor o de su hermanito mayor o, mejor olvidar…y concentrarse en la campaña.
·         Los amigos de Mauricio Valero (aún le quedan unos pocos) se disgustaron cuando supieron que al socio de Compagnon lo trataron peor que a ella, porque además de líos de impuestos le pasaron factura por coimero. Qué le vamos a hacer. Para su historia personal la está sacando barata. Aún le pena la expulsión de un trabajo destacado de más de diez años en la firma transnacional Tech Data, de la que salió por malos manejos, y otros antecedentes de intachable conducta anterior.
·         Algunos cercanos a Patricio Cordero, como Joaquín Lavín, del que Cordero fue su administrador municipal, prefirieron dejar de mirar la TV cuando éste fue formalizado y abocarse a escribir para El Mercurio sobre lo nada que se preocupaba el gobierno de los pobres y la clase media media. Cosa parecida hicieron otros jefes de Cordero en la UDI, que a estas alturas no se inmutan por nada. Ni por el nuevo nombre dado a la organización: Unión de Delincuentes Inmutables. Sólo sonríen cuando ven a Compagnon o saben de Dávalos. El resto del tiempo, como Humphrey Bogart.
·         Juan Díaz también fue formalizado. Se pidió por ahora que no se moviera de su casa ni se comunicara con otros u otras inculpados. Es un destacado operador de la UDI. Según él mismo “vio morir en sus brazos” (los de Juan Díaz) a su líder Jaime Guzmán, después que éste fue baleado por aún no se sabe quién. Además de ser ya un famoso estafador (fue condenado por estafa en 2008) está acusado de amenazar de muerte a otro implicado.
Juan Díaz es hombre respetado en la UDI. Defendió con éxito a Novoa en contra de Gemita Bueno, en el caso Spiniak. Previo a la acusación en contra de Gemita Bueno, llevada adelante por la UDI, Díaz fue procesado por estafa y amenazas de muerte.
·         Otros pescados más chicos, de las municipalidades del sector, dirigidas por la UDI, fueron formalizados por recibir cuantiosas coimas. A nadie le importó mucho.

Éste es, sin duda, un caso político. Los patos malos tienen antecedentes. Están salpicados muy directamente destacados operadores, ex ministros, un ex Presidente y la actual Primera Mandataria.

FUENTE: EL CLARIN

Ex presos políticos alertan sobre la querella de militares en retiro contra jueces por no aplicar la Ley de Amnistía

 Publicado el 01 Febrero 2016
 ESCRITO POR EL CLARÍN DE CHILE

La Asociación de Ex-Presos Políticos Chilenos residentes en Francia expresó su alarma  ante la información sobre la querella  que ex-miembros de las fuerzas armadas y carabineros han interpuesto en contra del juez Alejandro Solís y otros magistrados por no aplicar la Ley de Amnistía de 1978. Se trata, han señalado, de a una nueva escalada tendiente a erradicar todo intento de justicia respecto de los crímenes de la dictadura en Chile entre 1973 y 1990.


A través de un comunicado, la Asociación declara con “indignación” al  constatar que, “oficiales en servicio de alta graduación se suman a esta siniestra escalada en pos de la impunidad total, tales como el actual comandante en jefe de la armada, Enrique Larrañaga Martin, y el ex comandante en jefe Miguel Vergara.  En declaraciones a medios de prensa en Chile dichos oficiales dicen considerar que habría irregularidades y hasta "injusticia" en el tratamiento que el Poder Judicial aplica a los militares acusados de crímenes de lesa humanidad.    Estiman estas autoridades militares que los procesos judiciales van demasiado

La Asociación  denuncia que los militares entran en una gran contradicción. Por un lado reclaman  (los uniformados) que los juicios van demasiado lejos por haber transcurrido cuatro décadas desde la comisión de los delitos, sin embargo, si los procesos se han extendido en el tiempo es por la mañosa estrategia aplicada sistemáticamente por los acusados de negarse simplemente a confesar sus crímenes ante los tribunales.
Finalmente,  los ex- presos políticos exigen  el fin del pacto de silencio entre militares (en retiro o en servicio activo) culpables de crímenes; la entrega total y definitiva por parte de las FFAA y Carabineros, de la información sobre el paradero de los más de un millar de detenidos desaparecidos, así como sobre la identidad del conjunto de los culpables de violaciones a los DDHH en dictadura y la colaboración necesaria con la justicia para el enjuiciamiento y castigo de los mismos. Por último, piden el fin de la participación de los militares chilenos en la nefasta Escuela de las Américas, organismo que las Américas algún día deberán abolir.

FUENTE: EL CLARIN