¿Pinochet terminó de morir o renació en el Caupolicán? Por ahora, los “arrepentidos” y los incrédulos tienen la palabra
Por Guillermo Arellano
Lo llamativo tras la agitada jornada dominical, es que la nueva línea de choque de pinochetistas y antipinochetistas ahora lo componen jóvenes menores de edad, estudiantes universitarios, trabajadores de 30 y más años y los longevos militares que añoran las glorias pasadas, por cierto, en el caso de los guardianes del “ideario” dictatorial.
Lo llamativo tras la agitada jornada dominical, es que la nueva línea de choque de pinochetistas y antipinochetistas ahora lo componen jóvenes menores de edad, estudiantes universitarios, trabajadores de 30 y más años y los longevos militares que añoran las glorias pasadas, por cierto, en el caso de los guardianes del “ideario” dictatorial.
Si pensó que con la exhibición del documental "Pinochet", que los cercanos del fallecido dictador presentaron en el teatro Caupolicán, lo que generó una violenta jornada de incidentes protagonizados por los detractores del régimen militar, el tema se daba por superado, hay que señalar que usted está equivocado.
Para variar, quedó claro que pinochetistas y antipinochetistas tienen una verdad que nunca podrá ser revocada.
Los primeros hablan de la liberación del comunismo y el cáncer marxista y los segundos de los torturadores y violadores de los derechos humanos. Y ante eso nada que hacer. Es cosa de escuchar al abogado Hermógenes Pérez de Arce o el diputado UDI Iván Moreira y a cualquier dirigente comunista para constatar aquello.
Lo llamativo es que la nueva línea de choque de ambos sectores ahora lo componen jóvenes menores de edad, estudiantes universitarios, trabajadores de 30 y más años y los longevos militares que añoran las glorias pasadas, por cierto, en el caso de los guardianes del "ideario" pinochetista.
Superado esto, el coletazo inmediato del evento es el "arrepentimiento" que mostró el ministro vocero, Andrés Chadwick, en lo relativo a que no hizo más de lo que pudo hacer en materia de derechos humanos, comentario que fue apoyado por sus correligionarios de la UDI Joaquín Lavín y Pablo Zalaquett y el RN Alberto Cardemil, ex subsecretario del Interior que de todas formas defendió su labor en La Moneda a fines de los años 80.
Algunos le creen y lo toman de buena fe, como el senador DC Jorge Pizarro y el diputado PS Osvaldo Andrade. Otros no dan crédito a sus palabras, categoría en el que se cuentan Guillermo Teillier, timonel comunista, y la presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Lorena Pizarro. Ésta última dice que el arrepentimiento lleva consigo actos concretos, como la suspensión de homenajes y la solución definitiva de los casos aún no resueltos de los ilícitos perpetrados en el gobierno de facto.
El siempre agudo Carlos Peña sostuvo en El Mercurio que el acto dominical no es digno de alarma y que sólo corresponde a una "terapia colectiva".
De paso, el académico de la UDP aseguró que Chadwick y el propio Pablo Longueira, que en el pasado "estuvieron al lado del dictador, lo miraron embobados y empuñaron con fuerza la antorcha en Chacarillas, hoy saben que su lugar y su protagonismo sólo es posible gracias a que fueron capaces de dar la vuelta la espalda a su propio pasado, a esos días en que veían en el dictador un héroe y en sus crímenes errores que no se atrevían ni siquiera en su consciencia a condenar".
Por su parte, el opinólogo Fernando Villegas, también en su estilo, dice que "de cien personas que apoyaron el régimen de Pinochet, es de dudarse que haya más de una o dos que sinceramente lo lamente".
Además, indica sin temor al error que "el grupo más numeroso es el de quienes no han pagado costo ninguno; de eso, de ejecutoriar una suerte de perdonazo en masa, trataba en parte la transición. Aun así los titulares de ese amplio grupo temen que algún día les llegue esa factura".
Al igual que el año pasado con las movilizaciones estudiantiles, ahora la pregunta es la misma, pero con matices: ¿se viene un nuevo Chile, donde ahora el pasado pinochetista toma fuerza en el actual clima de agitación que tanto preocupa a los grupos más conservadores?
Si los más jóvenes y nuevos electores que son detractores de la dictadura optan por votar en masa y transforman su descontento en visión política, podría ser. Pero si el ausentismo se instala en las urnas, será como siempre pasa en Chile. Todo quedará en cantos de sirena y en pataleos que se terminarán en algunos días cuando otro tema cope la agenda mediática.
Lo otro será esperar el próximo 11 de septiembre, donde nuevamente volveremos a escribir sobre lo de siempre. Total hay cosas que nunca cambian...
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