domingo, 14 de abril de 2013

El desafío para el próximo gobierno será cómo derrotar la desigualdad. Ahí no avanzamos a pesar del crecimiento de la economía

Por María Cristina Prudant
En el último tiempo ha surgido una preocupación por la inequidad, porque los movimientos sociales han hecho reaccionar a la ciudadanía. Expertos describen los que debieran ser los próximos lineamientos como país en esta materia, la gran tarea pendiente que tenemos como sociedad. Desde ponerse de acuerdo en cuál es el tipo de desarrollo que realmente se quiere a una profunda reforma tributaria.
La desigualdad vuelve a estar en el ojo del huracán. Ya nadie niega que es una situación que en Chile se ha acentuado y que, a la larga, es uno de los principales problemas a solucionar por la clase política. La riqueza cada vez se concentra más y, por tanto, la distribución pasa a ser otro problema.

El gobierno de Piñera asegura que bajo su administración este fenómeno ha disminuido, pero sus dichos son rebatidos por la oposición en pleno, que acusa que éste "se mide mal" y, en definitiva, no ha sido un tema prioritario para la derecha.
La expresidenta y candidata presidencial, Michelle Bachelet, quien reconoció que le faltó mucho por hacer durante su periodo en La Moneda, anunció que ahora el eje de su programa de gobierno será la superación de la desigualdad y todos los elementos que ayuden a desatar los nudos que no permiten avanzar en este plano. Los candidatos de la derecha, Andrés Allamand (RN) y Laurence Golborne (UDI), no han hecho planteamientos relacionados con esta materia.

Empresarios y políticos: sentarse a meditar

Germán Quintana, ex ministro de Mideplan de Ricardo Lagos que actualmente trabaja en el BID, en Wasghinton, explicó a Cambio21 que "la percepción que tengo desde la distancia, de los informes que uno puede leer acá, es que Chile es un país que ha avanzado mucho en términos de ingreso per cápita, de una economía de mayor tamaño y dimensión más diversificada, pero que del punto de vista de la distribución de esos ingresos, lo que estamos logrando en la práctica es una mayor concentración de la riqueza y una menor cantidad de recursos que fluyan hacia los sectores medios y bajos en Chile. No obstante, hay un apoyo muy importante de los subsidios del Estado. Obviamente, eso sólo intenta paliar un mecanismo que está generando cada vez una concentración mayor de la riqueza y eso pone el acento en que en Chile la clase política y también la empresarial tienen que sentarse a meditar sobre este tema. Al final del día una mala distribución de la riqueza genera un mayor costo de vida y otro tipo de externalidades negativas que van frenando el crecimiento".

En su opinión, la concentración de la riqueza en nuestro país es un fenómeno "muy agudo y creo que la clase política no lo advirtió a tiempo y quienes lo advirtieron empujaban en esa dirección".

Sin embargo, Quintana cree que en la actualidad "este tema no es de discusión ideológica, de si por ejemplo los impuestos deben aumentarse o no, sino que como país todo el mundo debiera sentarse y decir: a ver, qué cosas realmente nos están impidiendo que esto ocurra de mejor manera, qué cosas están incentivando un mayor resentimiento social en Chile, una mayor actividad delictual por último, y que en definitiva son un freno al desarrollo del país en todo su conjunto y de manera integral".

Añade que "Chile debiera hacer un ejercicio muy plural para ponerse de acuerdo en cuál es el tipo de desarrollo que realmente se quiere y cuáles son las medidas concretas que hay que realizar para ello. Si eso no ocurre, vamos a tener niveles de resentimiento cada vez mayor; seguramente la economía va a ser más productiva, pero vivir en Chile va a ser más un infierno que realmente una alegría, un placer".

Los ricos debieran reaccionar

Consultado si los ricos reaccionarán alguna vez, opina que "si miran los costos de lo que les está significando hacer negocios en Chile, debieran hacerlo. Son inteligentes, debieran darse cuenta de que este no es un tema de que los trabajadores son flojos y que haya que pagarles poco y ser mano dura con ellos, sino de generar otras dinámicas laborales, intentar tener una mirada de recuperación de las ganancias que invierten que no sea cortoplacista, sino a un mediano y largo plazo. Debieran hacerlo, pues al final del día tienen muy claro que el mejor lugar para invertir es en Chile".

Por último dice que quien tiene la gran responsabilidad de solucionar esto "es la clase política, porque tiene la posibilidad de legislar. En ese ámbito, ha estado muy atrasada. Lo que ha ocurrido con los estudiantes desde el año 2011, de colocar temas en la agenda que eran propios de la clase política, realmente es una señal de que no están haciendo el trabajo y no los veo aún poniéndose a la altura de las desigualdades que esos movimientos han expresado ante toda la opinión pública chilena y que gozan de una gran simpatía".

Una tarea pendiente

Según la directora Ejecutiva del Hogar de Cristo, Verónica Monroy, "la desigualdad en nuestro país es, sin lugar a dudas, la gran tarea pendiente que tenemos como sociedad. Pese a todos los avances en nuestro desarrollo, aun no hemos logrado revertir esta realidad dolorosa e inaceptable".

A su juicio, "en las últimas décadas hemos avanzado en superar las condiciones de pobreza de nuestra población. En la década del 90 prácticamente el 40% de los chilenos vivían en esta condición, que hoy afecta al 15% del país. Sin embargo, la desigualdad parece ser, por su complejidad, un fenómeno enraizado en nuestra sociedad que debemos abordar con urgencia si lo que queremos como país es un desarrollo con equidad".
En conversación con Cambio21, explicó que para la solución a este fenómeno "es necesario abordarlo desde distintos frentes, donde las políticas públicas juegan un rol fundamental. Es muy importante asegurar trabajos de calidad que posibiliten mejores ingresos para las familias más pobres. También es relevante asegurar una educación de calidad desde la primera infancia. Según la Encuesta ELPI 2012, desde temprana edad se evidencian diferencias en el desarrollo cognitivo de los niños asociadas a desigualdades sociales".

Añade que "la justicia social debe ser un bien deseable por todos los chilenos. Ni la concentración de la riqueza ni la concentración de la pobreza ayudan a construir un país donde todos podamos aportar nuestras capacidades y disfrutar de los logros del desarrollo. No podemos sentirnos conformes con el avance de Chile si todavía existen casi 2,5 millones de pobres y muchísimas más familias en situación de vulnerabilidad social".

"Ya nadie cree que la desigualdad es parte de la naturaleza humana"

La ex ministra de Mideplan del gobierno de Michelle Bachelet, Clarisa Hardy, parte por "hacer presente que hasta hace muy poco tiempo atrás enfrentar la problemática de la desigualdad aparecía estigmatizada como una distorsión ideológica de izquierda que, a juicio de la derecha, ponía en riesgo el crecimiento y, por lo mismo, el desarrollo social que supuestamente le era consustancial. En el discurso público de la derecha, cualquier intento por abordar la desigualdad amenazaba el crecimiento y, automáticamente, la superación de la pobreza".

Agrega que "esa visión fue el motor de la oposición durante los gobiernos de la Concertación, imposibilitando muchas reformas que se intentaron: veto a las reformas laborales en tres gobiernos sucesivos (Frei, Lagos y Bachelet), supresión de la propuesta de fondo solidario en la reforma de salud de Lagos, veto al proyecto de Bachelet por el fin del lucro en la educación, por mencionar al menos tres iniciativas relevantes para reducir las bases de la desigualdad, abortadas por la oposición de ese entonces".

"Cuando esta administración asume el gobierno, sus metas se reducen a esta mirada conservadora de una sociedad que sólo debe hacerse cargo de la pobreza extrema y no actuar en otras dimensiones, bajo el supuesto de que crecer y generar empleo -cualquier empleo, claro está- es la llave para el progreso de las personas. Tal como el presidente Piñera ha expresado en sus mensajes presidenciales, la meta más importante es derrotar la extrema pobreza y focalizar las políticas sociales hacia los más pobres", dijo Hardy a Cambio21.

Los movimientos sociales

La ex ministra de Mideplan recalca que, luego, "irrumpieron los movimientos sociales que pusieron en el centro del debate, precisamente, las distintas formas de la desigualdad en la sociedad chilena. Y desde allí, el debate vetado por la derecha no pudo ser esquivado. Hoy la desigualdad se ha tomado la agenda pública. Este no es un tema nuevo; lo nuevo es que ya no hay forma de impedir su discusión y se ha convertido en una necesidad la búsqueda de propuestas para hacerle frente. Y me parece bien, porque eso abre la posibilidad de alterar la correlación de fuerzas sociales y políticas por los cambios".

Hardy puntualiza que "si destaco las movilizaciones y reclamos ciudadanos ante la desigualdad es porque expresan cómo hay que entenderla. Como nunca antes, aparece nítida la multidimensionalidad de la desigualdad. Ya no es posible centrarse en una sola de sus dimensiones, la ciudadanía está exigiendo una respuesta integral a la desigual distribución del poder económico, social y político".

Desde su óptica, "es primordial la búsqueda de una distribución más justa de los ingresos, pero no es suficiente si no desaparecen los factores adscriptivos de la desigualdad, es decir, aquellos factores que impiden que las personas ejerzan los mismos derechos por el solo hecho de ser ciudadanos. Se es un ciudadano efectivo cuando libremente se puede escoger un proyecto de vida de acuerdo a los méritos y esfuerzos de cada quien".

Un nuevo pacto fiscal

Clarisa Hardy señala que "América Latina es el continente más desigual del mundo y, dentro de éste, Chile ocupa el octavo lugar en cuanto a brechas distributivas medidas por el coeficiente de Gini. Desde 2002 toda la región experimenta mejorías, Chile incluido, pero son leves. Lamentablemente, en los dos últimos años esta mejoría leve se estanca en nuestro país".

"Con el avance legislativo en materias antidiscriminatorias, con el inicio de políticas de derechos sociales en la reforma de salud de Lagos y la posterior institucionalización de un sistema de protección social fundado en derechos garantizados con Bachelet, se ha provocado una desnaturalización de la desigualdad. Ese es, en mi opinión, el punto de partida para abordar con posibilidades de éxito el camino a una sociedad más cohesionada. Ya nadie cree, o muy pocos, que la desigualdad es parte de la naturaleza humana, sino un arreglo social y político que ha posibilitado relaciones asimétricas", puntualiza la ex secretaria de Estado.

Añade que "haber desnaturalizado la desigualdad es el avance más significativo de los gobiernos de centroizquierda y deberá ser su fortaleza para pasar a la ofensiva en materia de iniciativas efectivas de igualdad".

También especifica que "si el sistema político no se hace cargo seriamente de la multidimensionalidad de la desigualdad y no propone iniciativas específicas para terminar con las formas desiguales en que se distribuye el poder económico, social y político, será responsable de dañar nuestra democracia y, de paso, nuestras posibilidades de desarrollo".

Hardy precisa que "nada de lo anterior será viable si no se contempla un nuevo pacto fiscal por la igualdad. Pacto fiscal que debe considerar una reforma tributaria, tanto para aumentar la carga tributaria requerida para avanzar en las reformas señaladas, como en su composición, haciéndola más progresiva, con mayor peso de los impuestos directos".

FUENTE: CAMBIO 21

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